Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


agosto 09, 2010

Vergüenza Nacional




Vergüenza Nacional (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 08 de Agosto)

Y nos olvidamos de quienes somos. Siempre me pregunto: ¿Por qué además de memoria de pez, nos avergonzamos nuestra identidad? Parece increíble, pero es una realidad. Vivimos lo que vivimos en la actualidad, porque nos da pena haber nacido en este suelo, los que tuvieron esa fortuna. Yo soy coleado, enganchadito, pero al final ese pequeño detalle no importa. Vivimos este episodio de los Cuentos de Ultratumba desde hace once años, porque estábamos y estamos divorciados y a leguas de distancia de nosotros, de nuestra identidad, de nuestra esencia.
Entonces nos preguntamos: ¿cómo países superpoblados y con tanta crisis, salen adelante; caso México, caso Brasil, Argentina, y pares a nosotros, pero con problemas de narcotráfico y una guerra interna contra el terrorismo, como Colombia, de donde soy Made In, aunque más venezolano que una arepa (me siento orgulloso de mis dos países). Y la respuesta es más que clara, está ahí y la miopía, con astigmatismo severamente crónica que sufrimos, nos impide analizar, procesar, digerir y entender, para luego aplicar. La respuesta es tan tonta que me da pena decirla si no se han dado cuenta. Es una sola palabra… amor.
Pero no solo amor por las bellas mujeres que recorren con sus curvas provocativas estos países que menciono y otros que no lo hago. No, para nada. Se trata de amor al suelo que te dio la vida, al cielo que vieron nuestros ojos, cuando vimos la luz por primera vez.
Como dije anteriormente estamos divorciados tanto o más que Uribe y Huguito alias “Mauricio”, estamos disociados de nuestra identidad, de nuestros símbolos, que no nos permite encontrarnos y forjar juntos el país que tanto se anhela y se sueña.
La naciones que menciono, algunas líneas más arriba, se destacan por un nacionalismo al extremo, estilo maracucho, de los que tanto nos burlamos, pero que termina por ser el escudo, la vacuna contra el olvido nacional, porque esas tierras se lloran, se sufren, se viven, sin esperar nada de promesas de políticos, que como siempre he dicho solo aportan el vicio de la dependencia. No hay peor droga que esperar el “regalao” de un gobierno.
El orgullo nace, se cría y se transmite de generación en generación, esa vaina es como una enfermedad congénita que no se pierde, pero para beneficio. Digamos que es más una simbiosis entre un individuo que lo necesita para sobrevivir y superar las pruebas diarias y un sentimiento que sabe que sin ser huésped en ese individuo su destino es la muerte.
Esa identificación por lo que eres, de donde vienes, fortalece a la sociedad, fortalece al conjunto nacional. He visto tal amor por la tierra recorriendo Rio de Janeiro o Bogotá, Cartagena, que uno se enamora de esas tierras. Es el amor por lo propio, por un pueblo, por un dulce, por las miles de canciones que reflejan el sentimiento hacia cada tierra. Aquarela Brasileira interpretada por Martinho Da Vila, en una de tantas versiones, muestra ese orgullo por ser brasilero, con una pasión que invita a ser llevado por la notas de una samba, alegre o triste como la canción.
Es para erizar cada bello del cuerpo el solo hecho de estar por ejemplo en un velero en las verdes aguas de Angra Dos Reis en Brasil, y ver la tripulación completo cantar a pleno pulmón la mencionada Aquarela Brasileira y contagiarlo a uno mismo en su sentimiento.

Por su parte Colombia hace gala al igual que México, de un repertorio más largo que una cadena de Hugo, que incluye todo tipo de ritmos que hacen referencias a sus ciudades, pueblos, ritmos y comidas, al llegar al punto que la yuca acompañada con chicharrón, o pescado con limón, son parte de letras autóctonas colombianas. Pero que no se quedan ahí, sino que son recordadas, enseñadas, amadas y lloradas con el alma al escucharla.
Nosotros por nuestra parte, hemos dejado que nuestro legado cultural termine olvidado. Engavetado en la vergüenza de confundir lo de nosotros con lo ordinario o de menor precio, que solo lo pagan aquellos que consideramos menos. Aquellos que vemos por debajo de nuestros hombros, con una falsa superioridad sustentada en nada, en la falta de identidad, en el sueño de ser de otra parte, de huir escudados en la excusa, de lo invivible que se ha tornado el país, motivo no del todo mentira, pero sí, para un grupo muy amplio de acomplejados, con todo respeto.
Vivimos en un país maravilloso digno de provocar envidia y orgullo, una tierra bendita de la que brotan frutas, miel, y todas las delicias que podamos imaginar. Solo basta con quitarse la careta del extranjerismo, del amor a lo de otros e inyectarle esa fuerza a lo nuestro, para reconciliarnos como país, como pueblo. Ya es hora que podamos disfrutar de nuestra música y defenderla, exportarla y no reservarla para el típico restaurant de carne en vara, único lugar donde por error la escuchamos, para poder embutirnos de comida.
Es el momento de decir, soy venezolano con orgullo. De ubicarnos en nuestro contexto diario, para comenzar el verdadero cambio, que no solo se da con política o con una guerra absurda a la que quieren llevarnos algunos seres inescrupulosos.
Insisto tomando el slogan del gobernador Capriles Radonski, pero modificándola a: la verdadera fuerza del cambio, está en ti.
Sin amor por nuestra patria cualquier esfuerzo es en vano, sin amor es estéril cualquier lucha ideológica, y ni con tratamientos de fertilidad sirve. Estamos en el momento de ponernos la franela con la tricolor, pero no porque un individuo lo ordene desde su Olimpo aislado de verdad y realidad, sino porque esos colores están fundidos en nuestro ser y saberlo y entenderlo nos da una nueva perspectiva de lo que somos. Ser venezolano no es una maldición, sino el privilegio y bendición de ser de una tierra que vale cualquier esfuerzo y sacrificio. Yo nací en una rivera del Arauca Vibrador… ¡¡en ésta!!

Fernando Pinilla

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