Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


noviembre 01, 2010

De San Antonio pa´Colombia



De San Antonio pa´Colombia (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 31 de Octubre de 2010)

En un arrebato de locura temporal de esa que hace falta de vez en cuando en la vida; terminé de guardar algunas piezas de ropa en la improvisada maleta que preparaba para partir en una travesía que en aventura, peligro y distancia nada tenía que envidiarle al viaje de Frodo Bolsón en la trilogía épica del escritor sudafricano J.R.R. Tolkien; El Señor De Los Anillos. En cuestión de una hora, mi panorama había cambiado y en compañía de el espíritu aventurero y la intención de romper la rutina y experimentar mil cosas, partí camino a la hermana república de Colombia.

Tras dejar atrás San Antonio de Los Altos, llegué a un estado que es símbolo de prosperidad y riqueza en Venezuela, el Zulia, pero como dice La grey Zuliana, increíblemente sufre un abandono terrible, que refleja lo que somos hoy en día como venezolanos: un prospecto de país, una caricatura de una grandeza que solo se quedó en palabras. Maracaibo y los pueblos que se recorren hasta la llamada “raya” que nos separa de Colombia, sobreviven en medio de la miseria, del atraso, de la desidia humana y de los políticos que han manejado de forma equivocada los recursos que se muestran pujantes en las imponentes torres en el lago, o las monumentales refinerías, hoy bolivarianas, con las que se llenan la boca hablando muchos en el gobierno, pero que hay que recordar que fueron construidas por la tan odiada cuarta república, no por una gestión de once años, que se refleja y se muestra a plenitud en un estancamiento económico y estructural a la vista de todos aquellos que quieran ver y no creer en quimeras.

Los pueblos de la guajira venezolana solo son pueblos fantasmas, con economías nulas, y muchos murales de la revolución, con promesas incumplidas y falsas frases de progreso. La basura se apila a las orillas de la carreteras y trochas que recorren al “imperio del sol”, los wayú sobreviven a duras penas esperando algo que jamás llega, mientras el tiempo trascurre cansino bajo el inclemente sol.
Kilómetros de tierra baldía, de tierras sin ser aprovechadas y en un estado de abandono que eriza la piel te lleva a reflexionar sobre nuestro hoy.

Y ese hoy se hace más palpable a cada alcabala que encuentras en el camino, donde la llamada “matraca” es la ley, no la constitución. La honorable guardia nacional exige pagos de colectivos y autos particulares, generalmente cifras que van desde 50 Bsf. por cabeza hasta montos más elevados. Para no tener problemas me toca ser parte del sistema y desembolso en cada alcabala la cifra que me toca, el “pasaporte” para tener derecho a llegar a la frontera. Los relatos de taxistas, vendedores ambulantes y viajeros hablan de los abusos que día a día cometen sin escrúpulos los funcionarios, no solo de la guardia nacional sino del Saime y cualquier funcionario nacional por aquellas tierras olvidadas de Dios.

Tras pasar las alcabalas y pagar la matraca, sigues tu camino a la espera del próximo funcionario que quiera cuadrarse el día. A lo lejos divisas una estructura y terminas por identificarla; se trata de un peaje, cuyos letreros descoloridos y cabinas con los vidrios rotos, y casi derrumbándose sus estructuras, nos recuerda que en Venezuela, no se cobran peajes legales. Disminuyes la velocidad y tras pasarlos sin más que detallar las ruinas, continúas el camino que es una aventura extrema, en el que el tren delantero debe sobrevivir los kilómetros de “troneras” que asemejan a una cebra hasta que por fin tras el tortuoso viaje se divisa la frontera.

Paraguachón es un mercado persa, dónde vendedores, viajeros, residentes, wayús y cambiadores interactúan en un mundo sin ley. El cambio de la moneda nacional muestra la realidad del llamado Bolívar Fuerte que solo vale 0,24 centavos de pesos. Para que tengan una idea, por un millón de bolívares viejos solo te dan doscientos cuarenta mil pesos, cuando antes un bolívar valía diez pesos. La revolución son hechos.

Aprovechen a cambiar ahí sí solo llevan bolívares, la moneda nacional no es aceptada en ninguna otra parte del territorio colombiano por estar en extremo devaluada, y si por casualidad consiguen quien la cambie, resultará ser mucho más bajo el cambio del que se consigue en la frontera.

Tras sellar el pasaporte del lado venezolano y en el DAS de Colombia, entras al Departamento de La Guajira, de la hermana república. El cambio causa impacto. La carretera asfaltada y sin huecos llama la atención. La basura comienza a desaparecer y el ganado, los chivos, y el comercio pujante contrasta con lo dejado atrás. No hay fotos del presidente Santos, ni de otro político. No hay más colores que el tricolor colombiano que ondea con orgullo. Los departamentos de la guajira y del Magdalena son pinturas en que los cultivos se extienden mezclándose con la ganadería, con el moderno complejo del Cerrejón, la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo.

El ferrocarril, carreteras ya hechas hace mucho tiempo, se complementan con las nuevas que se construyen aún los fines de semana y que conectan toda la zona y crean un sistema vial envidiable. A esto se suma los Peajes manejados por consorcios privados y el gobierno, que aseguran un viaje placentero, seguro, dónde un intento de soborno de un viajero sin papeles, le cuesta ser retenido. La ley es implacable, el plan de seguridad nacional así lo requiere.

Los complejos hoteleros modernos, los lujosos centros comerciales, universidades y los nuevos conjuntos residenciales en Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, muestran el crecimiento económico mancomunado de la empresa privada, la inversión extranjera y el gobierno que beneficia a todos por igual, creando fuentes de trabajo y una prosperidad que una y otra vez me hace reflexionar y sentirme triste.
Colombia me enseña con hechos lo que es el amor por un país, las ganas de surgir, y nos dice a gritos que se puede, solo si queremos.

Fernando Pinilla

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