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noviembre 08, 2010

El que mucho abarca poco aprieta



El que mucho abarca poco aprieta (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 07 de Noviembre de 2010)

El que mucho abarca poco aprieta. Ciertamente este viejo refrán es de una realidad. Y es una realidad que cada día se hace más palpable en una Venezuela que ha dejado de ser plural, para convertirse en un batido concentrado que solo lo digiere un único individuo.

En el nombre de una utópica revolución, Venezuela se ha convertido el bolso lleno de perolitos, propiedad de alguien que ha demostrado su incapacidad total como administrador, porque, ¿qué tiene de administrador un militar, y mucho más uno mediocre?

Empuñando la bandera de la expropiación, llamando a un sentido de nacionalismo falso, que nada tiene que ver con las realidades que se manejan a diario, la propiedad privada de nativos como de foráneos, ha pasado a convertirse en simples fichas de un tablero que se pueden llevar en el momento que más te convenga, amparado por leyes viciadas, fraudulentas y usadas como armas para atacar a la presa, y lograr el premio mayor: ser dueño de Venezuela.

El problema es que mientras más abarca, mientras más se adueña de todo, se revela la incapacidad del gobierno, que no porque sea este, sino por una razón de lógica; no puede ser el que maneje y mueva todos los hilos que dan sentido y flexibilidad a todo el gran sistema que compone al país.

Como si de un niño se tratara en un piñata, abraza todos los caramelos y golosinas que encuentra a su paso, intentando dejar sin participación ni premio a más nadie, pero como es de suponerse, cuando intenta levantarse todo termina por regresar donde estaba, en el suelo, porque definitivamente, el que mucho abarca poco aprieta.
Nada es de nadie, nada es para nadie, nada es como debe ser. El miedo se siente en el ambiente, con su aroma llega a todos, el miedo a perder, el miedo a que nada se respeta, bajo sus leyes corruptas y putrefactas, se vive en la zozobra de no ser blanco de algún ataque nacido de un arrebato en uno de sus programas dominicales. En la Venezuela moderna, solo basta tener algo que valga la pena, sea una empresa o una vivienda, para poder ser la próxima víctima de un asesino en serie que viene tachando su lista, al estilo película de terror.

Este espacio ni siquiera es mío, no les extrañe que por decir la verdad se me expropie como ya ha ocurrido el derecho a expresarme y decir lo que siento, pienso y mucho más importante lo que veo que está ocurriendo a diario. En nuestra realidad nada nos pertenece y siento que muchos aún no terminan de entender la realidad, la cruda y amarga realidad.

Mientras la oposición pelea sin sentido, pacta de forma corrupta y prefieren hipotecar y vender sus ideales, su honor, Venezuela se sume cada vez más en un inmenso agujero del que salir parece casi imposible, y lo parece porque la oposición no termina de cuajar, la unidad, que sigue adherida con saliva, se nota cada más falsa, cada vez más cercana a lo que es el propio gobierno. Un nido de alimañas que se devoran entre sí, a los cuales nada, absolutamente nada les importa.

Las ambiciones continúan, la falsedad de la política termina por ser la única moneda de circulación en el país. Moneda esta última que se maneja al gusto de cada uno de los involucrados en la lucha política que hunde a la nación. Mientras tanto, mientras el perraje se devora por las migajas, uno más arriba sigue adueñándose de lo que queda aún por expropiar, y no por esto, como sabemos, logra darle el uso y el manejo correcto, porque la realidad es una: el que mucho abarca poco aprieta.
¿De qué sirve ser el dueño de todo si no lo puedes manejar adecuadamente? Es como tener dos mujeres y no hacer feliz a ninguna, porque tu incapacidad de amar y de satisfacer necesidades físicas se escapa al estar dividido. Es como tener dos hogares, y no poder a ninguno arreglarle las filtraciones que están terminando no solo de destruir el techo sino el piso, que tanto trabajo le costó construir a muchos, para perderlo hoy todo.

Solo los enchufados, solo los fanáticos, los resentidos y los que no aman a Venezuela, que también son los anteriores, no ven la magnitud de esta realidad. Si vamos a la práctica y vemos los resultados positivos de las empresas expropiadas y los inmuebles y tierras que han corrido la misma suerte, rápidamente podemos concluir que se ha concentrado el poder para uno solo, para el dueño de Venezuela (porque se lo permitimos), pero aún así y mucho peor, nada funciona, nada tiene el progreso que debería, y lo peor, es llenarse la boca adueñándose del trabajo ajeno. Pena les debiera dar decir: Hecho en Socialismo. Mediocres se deberían sentir, que no se tiene la capacidad de crear, es como ser estéril, es como ser una tierra seca, o peor un rastrojo.

Mientras se sigue abarcando y fracasando, se sigue hundiendo Venezuela, aquel pobre país que solo es la sombra de lo que fue un día. Una Venezuela que se desmorona como un castillo de arena en la playa, un país que mira con vergüenza a sus vecinos y mira la meta tan lejana e inalcanzable, y es que nos quedamos a la mitad de la carrera sin combustible.

Mientras se sigue abarcando y destruyendo, es decir poco apretando; Venezuela se sume en una época de oscurantismo, una época de ignorancia, superstición, miedo, y claro está falta de amor. El panorama es oscuro y solo con trabajo y fe se puede superar, solo luchando por la nación se puede conseguir superar lo que vivimos.
Cuesta mirar el panorama y no sentir miedo. Cuesta no mirar por la ventana y ver el cielo venezolano, y no suspirar por el país que cada día se pierde por aquel mucho abarca y que poco aprieta.

Fernando Pinilla

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