Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


enero 23, 2011

El castigo de María Afiuni



El castigo de María Afiuni (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 23 de enero de 2011)

Y María Afiuni continúa presa. Así es, mientras yo tecleo en mi computadora estás palabras, ella sigue en el mismo lugar dónde la justicia venezolana la mantiene encerrada y privada de los derechos más básicos que merece un ser humano, y mucho más una dama.

María Afiuni no puede ver el sol, respirar aire puro, ni tener contacto con otras reas, y muchas veces ni con su propia familia, porque esta ex-juez, esta mujer, primeramente, representa según parece alguna clase de amenaza para el gobierno nacional por el simple hecho de no hacer lo que ellos allá arriba dónde son intocables, aún con tanto asunto turbio y más que rojo oscuro, querían que ella hicieran con Eligio Cedeño. No voy a entrar en detalles del caso de la Jueza, el cual sigo de cerca y lo manejo, pues se me puede juzgar de meterme en terrenos que no conozco, o que no he estudiado, ya que no soy jurista o quién sabe qué.

Solo quiero hablar del lado humano. Solo quiero abogar a ustedes que me leen en esta mañana por un caso que debería indignar a todos los ciudadanos del país, que vive en un submundo del que parecen no salir, en el que lo que pasa a diario se pierde inevitablemente de vista en nuestro silencio y nuestro olvido.

La vida de esta mujer y lo repetiré hasta el cansancio, está confinada a una celda desde el 13 de diciembre de 2009, jaula esta última que es más una caja de dimensiones absurdas para la vida de un ser humano, al que se le condena a sobrevivir en condiciones infrahumanas. Esta mujer quien además está enferma y no recibe la atención adecuada, no solo representa su historia, no, sino la de miles de mujeres y hombres que esperan en una cárcel sin ser siquiera estudiados sus casos. Que pasan años sin jamás encontrar los motivos certeros y concretos para justificar privar a un ser humano de su libertad.

En esa celda esta una mujer, María Afiuni, que es madre, que es hija, hermana, tía y puede ser abuela. Esa mujer puede ser un familiar suyo. María Afiuni representa a mi madre y a cada mujer de Venezuela, simboliza a cada una de de las ciudadanas de este país, que podría y puede correr la misma suerte que ella, y de solo pensarlo me erizo. De solo imaginar a un ser amado; mi progenitora por ejemplo, esa que ha dado todo por mí, esa que ha trabajado incansablemente por darme techo y alimento pasando por una situación siquiera parecida, hace que tiemble.

Crecí creyendo en la justicia, crecí creyendo que el bien siempre vence al mal. Soy un soñador y lo sigo creyendo, y de verdad anhelo en lo más profundo de mi corazón que algún día se haga lo correcto con esa mujer a la que cada día violan sus derechos, que pueda tener acceso a la piedad de los involucrados, de los implicados, de aquellos que tienen la llave de su celda y no permiten que esta se use. Esos que saben muy bien quienes son, y que no permiten que esta mujer indefensa tenga contacto con nadie y como mencioné inicialmente incluyendo a su familia, logran de esta forma extender el tormento del castigo de su mano vil, sin escrúpulos hasta personas aún más inocentes. Personas que solo entienden con el corazón, que solo meditan en el silencio de la noche, el porqué de una medida que viola no solo la propia ley, sino el derecho de un ser humano y mucho más; de su ser amado.

Mientras yo sigo escribiendo, la familia de María Afiuni solo sabe que la doctora es presa de una retaliación de carácter político. De una venganza al estilo segunda guerra mundial, o, ¿quién olvida los barridos de la Gestapo, la policía secreta Nazi hacia todos aquellos que representaran una amenaza para el tercer Reich? Aquellos que eran encerrados jamás verían la luz nuevamente, jamás se sabría de su paradero.

Si no queremos ir tan lejos, en nuestro suelo jamás olvidaremos la Seguridad Nacional que de la mano de Pedro Estrada, un hombre de entera confianza de Marcos Pérez Jiménez, controló a los dirigentes de la oposición y todo el que no estuviera de acuerdo con el credo de la dictadura, llevándolos a la cárcel, dónde recibirían las más despiadadas torturas, así como hoy medio siglo después, cuando creíamos que superamos una etapa de barbarie, nos damos cuenta que nada ha cambiado y que el ser humano sigue siendo despiadado. La historia se repite una y otra vez, en distintos escenarios, con distintos colores y actores diferentes. La barbarie es la misma.

El modelo que se aplica con María Afiuni es cruel, cobarde, reprochable desde cualquier óptica posible y jamás puede tener alguna excusa. Sin embargo estamos en Venezuela territorio de lo posible. Una nación que tiene la mayoría de sus poderes secuestrados y manejados desde un mismo timón, poderes éstos que solo saben asentir cuando así se requiere, que solo saben callar porque así se necesita. Sin embargo la vida da muchas vueltas y arriba está el que pa´abajo mira, y estoy seguro que tarde temprano la verdadera justicia llegará para pasar la factura a todos aquellos que se han unido al fuerte para destruir al débil.

Sé que intentar abogar por un ápice de piedad es imposible porque así es el rencor y el odio. Así es el resentimiento que se siembra en nuestra sociedad. Pero pregunto a los que ejercen el castigo a María Afiuni: ¿ustedes no tienen madres, abuelas, tías? Disfruten el castigo que le aplican a esta mujer, saboréenlo, regocíjese en su poder que les permite hacer daño sin rendir cuentas, que pasa por encima de la compasión y de la justicia porque la justicia no existe en Venezuela. Miren como sufre la familia Afiuni, y por un minuto visualicen a su madre.

Fernando Pinilla

1 comentario:

Angélica dijo...

muy buen artículo!