Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


mayo 09, 2011

¿Hasta cuándo mal servicio?



¿Hasta cuándo mal servicio? (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 8 de mayo de 2011)

Uno de los grandes problemas que aqueja a Venezuela es el mal servicio que se presta en diversas áreas en el país. No es una exageración y quizás puede sonar a generalizar, pero de verdad es lamentable tener que ser víctima de los atropellos, abusos y sobre todo mala educación de las personas que ofrecen servicios, sean los dueños o los empleados. Para que no crean que solo es un escrito sin fundamento paso a contar algunas experiencias.

El fin de semana pasado fui víctima junto a tres amigos en la isla de Margarita del mal servicio que presta la aerolínea “Venezolana”, línea aérea ésta que pisó nuestros derechos al dejarnos por fuera del vuelo de esa noche Porlamar/Maiquetía, aludiendo que no aparecíamos en lista y que en realidad estábamos con la reserva para el día siguiente, es decir el lunes en la mañana a las 9:00 am. Quizás fuimos victima de la certeza que te da el tiquete electrónico, sin embargo no se justifica ya que teníamos nuestro soporte, no ahí, error que asumimos como grupo, que demostraba el abuso, pero la respuesta de la señora que estaba asignada para la tención al cliente no fue la adecuada. Las personas que trabajan con público deberían estar capacitadas para resolver los problemas del pasajero con toda la educación del mundo, siempre que estos actúen con educación como fue el caso nuestro, sin embargo, en Venezuela hemos olvidado lo que significa servicio eficiente.

Esta empleada de la mencionada aerolínea, procedió a darnos un puntapié con una altanera y para nada lógica respuesta, en el delicado momento que vivíamos al no poder regresar a casa, ya sin mucho dinero y sin hotel. Esta respuesta y este abuso por parte de Venezolana, implicó un gasto de dinero que no estaba presupuestado, pero sobre todo atraso en nuestras funciones laborales, complicando el lunes de los cuatro que ejercemos nuestro trabajo en la prensa.

Mi pregunta es: ¿qué significa servicio para ellos? ¿Qué parte de atención al cliente no entienden? ¿Debemos aceptar con resignación los atropellos sencillamente porque así es Venezuela? Mi respuesta es no, me niego a aceptar que además de ser arbitrariamente sacados del vuelo ya pago que teníamos, nos traten como a animales, irrespetando nuestros derechos como clientes, pero sobre todo como clientes educados, porque ninguno de mis acompañantes usó siquiera un tono inapropiado.

El problema es que en el país vivimos una etapa de oscurantismo, olvidamos lo que fuimos y no sabemos a dónde vamos. En una nación dónde es normal que no haya comida en los supermercados y seguimos caminando hacia adelante como si nada, este tipo de atropellos son cotidianos, en un país donde muchos de los mesoneros te atienden como si estuvieras pidiendo regalado, así como los dependientes de tiendas, funcionarios bancarios, de taquillas de servicios públicos, entre otros; parecería normal ser víctima de todos los abusos que se les antoje, pero no, Yo Fernando Pinilla no me resigno a vivir entre la mediocridad y espero que los que leen este sencillo escrito piensen igual.

No podemos seguir aceptando que el cliente jamás tiene la razón, y cuando sales del país te das cuenta que el cliente y sobre todo el turista siempre recibe trato especial, siempre es tratado con consideración y el esmero de las personas que viven de atender al público. Cuando salgo de Venezuela y veo como con disciplina y respeto se asume el trabajo de atender al público con responsabilidad, amor y entrega siento vergüenza. Es triste hacer comparaciones, pero son inevitables con las malas caras que podemos ver cada vez que vamos a un centro comercial, a restaurantes como me sucedió en uno de comida árabe en el Centro Comercial La Cascada, dónde por no entender la pregunta sobre los sabores de las bebidas, fui gritado por el dueño del local que en ese momento atendía con groserías a todos los clientes al medio día, hace solo hace un par de meses. La respuesta mía claro no se hiso esperar para exigir respeto, para exigir calidad de servicio y para contagiar al resto de personas a los que ese individuo atendía, que hicieran valer sus derechos. La realidad es que no me estaba haciendo un favor, ya que por el contrario yo colaboraba en engordar sus arcas y eso me daba el derecho, mientras yo fuera educado, de recibir un servicio con el mismo nivel o mucho mejor.

Nos estamos acostumbrando a la mediocridad, a permitirle a empresas desordenadas y abusivas como el caso de esta aerolínea con empleados como esta mujer, que por buena educación y consideración por su condición de mujer, no recibió quizás la respuesta de nuestra parte que requería, pero que ameritaba para sentar el precedente. No podemos seguir callando, no podemos vivir siendo parte del problema al no reclamar, al no decir: qué mal servicio. Al hacerlo contribuimos a que el desorden se siga incubando como una enfermedad, como un virus de esos que tanto aquejan a Venezuela y que solo terminan por seguir dándole una cara negativa que opaca todo lo bueno y destruye a toda la gente positiva que existe en el país y que cada día quieren dar lo mejor.

Si en lugar de nosotros, criollos, hubieran sido extranjeros las víctimas, ¿Qué imagen se pueden llevar del país? ¿Qué pensarán al ver los malos servicios y las malas atenciones? Creo la respuesta está en el poco turismo extranjero que tenemos, creo se refleja en los comentarios que se consiguen en los portales especializados sobre los servicios que los foráneos reciben al venir a generar empleo, a generar progreso con su dinero. Al igual que ellos, nosotros y cada uno lo hacemos cuando liberamos nuestro dinero en troca por un servicio, por un producto, cuando con nuestros billetes, monedas, les damos empleo, como otros lo hacen con nosotros, es una cadena, y el servicio es parte del producto que esperamos recibir.

Fernando Pinilla

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tienes mucha razón en lo que comentas. Al igual que tú, y una gran mayoría de venezolanos, estamos cansados de que se nos atienda a las patadas, e incluso, a veces hasta sientes el odio y el fastidio de las personas que te atienden en un lugar. El otro día fuí a comprar una línea Digitel al CC el Recreo. Solo por preguntar qué planes me ofrecían, el gran susodicho que me atendi, suspiraba de la rabia y me empezó a gritar. Le dije "lo siento amigo, pero así con esa actitud tuya no voy a comprar, hasta luego". Más vale que no, el vendedor le dió tremendo manotazo al mostrador y tuve que salir apresurado temiendo que este sin vergüenza fuese a salir a agredirme. Es muy lamentable que en ocasiones sintamos vergüenza de decir que somos venezolanos.