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junio 19, 2011

Odio y resentimiento



Odio y resentimiento (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 19 de Junio de 2011)

Hace trece años cuando estudiaba bachillerato participé en un foro que se llamaba: “Juicio a la democracia” en el que participaban diversas personalidades de la sociedad venezolana, y analizábamos en conjunto, el resultado de los tan nombrados cuarenta años de democracia que hasta ese momento, vivíamos en el país. Cientos de estudiantes de diversos liceos junto con los panelistas, aportamos visiones, quizás ingenuas, y se debatía con temple los errores cometidos por aquellos que habían hundido al país hasta extremos que para aquel entonces eran alarmantes, pero que para hoy lucían “light”.

Aquel juicio tuvo un veredicto y no era otro que la culpabilidad de todos aquellos políticos que habían provocado la debacle nacional, pero quizás lo más irónico fue una de las conclusiones a las que llegamos que rezaba: el país no llegaría más abajo de lo que había llegado, ya que tocábamos fondo en aquel momento.

Hoy, tras un proceso que inició para muchos con esperanza en una figura mesiánica la realidad es otra. Venezuela vive índices de pobreza, delincuencia, violación a los derechos humanos, inflación que en números y en la práctica, dista mucho del sueño utópico que nos regaló el primer mandatario y todo su séquito al iniciar este gobierno. El país es víctima de políticas equivocadas, de gerencias deficientes en ministerios y empresas nacionalizadas que no terminan de caminar siquiera unos pasitos derechos, pero lo impresionante es ver como aún con la crisis que vive el país, con la corrupción y malos manejos que tienen CANTV, CORPOELEC, PDVSA, muchas personas continúan repitiendo el Padre Nuestro que ha sabido inculcar el gobierno a esa masa desfavorecida por años, ignorada, y claro, en aquellos que no tuvieron un día pan y recibieron migajas, es más de lo que habían tenido en toda su vida.

Este rezo, esta repetidera, usa el odio, el resentimiento evocando ese abandono de los gobiernos pasados, que es cierta, para ser la fuerza que mantiene cimentada la revolución. Estos sentimientos básicos en el ser humano y viscerales son más fuertes que el propio amor por su país. Estemos claros que el odio y la venganza como dice el humorista colombiano Andrés López, sí perduran, se mantienen, se cultivan. Así no deja de llamarme la atención y provocarme tristeza ver como la culpa de un tiempo que ya quedó tan atrás que casi es difícil recordar, sigue siendo el único alegato a la hora de defender el proceso revolucionario, que tras doce años no muestra más señales de progreso que visos tenues. Dar como ejemplo de progreso, el hecho que una oficina pública cualquiera, tenga un sistema automatizado es tan ridículo como argumentar que los cantantes de ahora son mejores que los de antes, porque un disco de acetato tenía más ruidos que un archivo digital en formato para Ipod. Es lógico que estando en el tiempo que vivimos existan computadoras que agilicen algunos procedimientos que antes eran realizados a mano, o que se note cierto avance en las oficinas del SAIME, pero de ahí a calificar esto como buen funcionamiento, no deja de ser absurdo.

Aún peor, es querer pintar a las empresas como CANTV o CORPOELEC, mejores que en administraciones anteriores, solo porque existían irregularidades, abusos que no debieron suceder, pero que en la realidad de hoy no mejoran porque los servicios caen en manos de personas que no tienen la experiencia ni el conocimiento para llevarlas adelante y los hechos hablan por sí solos, tras los constantes problemas de CANTV, los reclamos por fallas de meses, o en CORPOELEC la aguda crisis eléctrica que viene a ser adjudicada al pueblo, porque este es el gobierno del YO NO FUI, de evadir responsabilidades, de querer enganchárselas a los enemigos que el odio y el resentimiento saben trabajar. La oligarquía, aquellos adinerados sin escrúpulos que se aprovechan del país. El final de la historia es que las sanciones y castigos los pasamos a vivir esa “oligarquía”, que ni carro tenemos, que trabajamos honradamente todos los días por tener una mejor calidad de vida y que solo esperamos como cualquier pueblo, que nuestros mandatarios sepan administrar y darnos lo básico; servicios de calidad.

Pero el odio y el resentimiento que tanto explotan el gobierno enceguece a millones de venezolanos, que aún cuando las promesas como la de vivienda se caen en su propia ineficiencia, siguen esperando por más años, siguen dando votos abonados con la esperanza de una mejora que los reivindique ante aquellos desalmados oligarcas como yo, que hemos pecado con el sueño de ser mejores. Por el simple hecho de no ver a esa oligarquía mandando, venden el futuro del país a cambio de bravuconerías, ofensas y medidas que afecten y saboteen su estilo de vida, sin darse cuenta que las principales víctimas son ellos mismos, que esperan que su mesías haga el milagro de una vida que no han recibido en doce años, y que no recibirán en veinte, ni en treinta, porque la realidad señores, es que revolución es un fracaso.
No hay mejoras, no hay avances, y aunque es cierto que la oposición presenta muchas fallas, existen nombres nuevos que no arengan división, odio, y por ellos pienso votar. Por aquellos que como yo creemos que solo unidos salimos adelante, que soñamos con recibir de verdad justicia en aquello que denuncia el gobierno pero que no hace nada por resolver, como las problemas con la clínicas privadas, y es que si un CDI fuera tan bueno, el contralor y el presidente estarían hospitalizados hoy acá. Lo ancho para ellos lo angosto para nosotros.

Yo quiero una Venezuela diferente, yo sueño con un mañana de verdad próspero, transparente, libre para pensar y expresar. No te llamo amigo lector a que aceptes los abusos, debemos luchar para erradicar los viejos vicios que en este gobierno se siguen cultivando. Tu país, el mío, no necesita exclusión, odio y resentimiento, necesita amor. Ámalo hoy y cambia el mañana.

Fernando Pinilla

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