Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


octubre 10, 2011

A Adriana Acosta



A Adriana Acosta (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 10 de Octubre 2011)


El sábado primero de octubre una de mis grandes amigas; sub jefa de información del diario La Región, interrumpió mi sueño temprano por la mañana en una llamada sorpresa por la hora. La amistad que nos une hiso que se esbozara una sonrisa en mi rostro, la llamada de Pola sería para alguna noticia importante o algún plan de última hora como suele pasar, sin embargo la vida me mostró uno de sus lados más crueles. Aquella sonrisa rápidamente se borró. Su llamada no era lo que pensé, sino para darme la cruel noticia del fallecimiento de mi jefe en el diario Líder, amigo y gran apoyo en mi carrera humorística, Antonio Guerra en un absurdo accidente de tránsito ocurrido en horas de la madrugada en la Autopista Del Este.

Pero lo peor vino algunos minutos después, cuando mientras pensaba en la suerte de su esposa y amiga íntima Adriana Acosta, coordinadora de diseño del diario Últimas Noticias, quien hacía unos meses había perdido a su madre y había quedado arrasada. Pero mientras intentaba recopilar información sobre el fatal accidente, surgió lo peor por el pin del Blackberry de otra amiga del diario La Voz, que terminó de mostrarme lo triste de la vida. “Murieron los dos” había escrito en una corta línea Yohanna. ¿Los dos? –Me pregunté. Mi mente no asimilaba el mensaje que recibía. Un comunicado oficial de La Cadena Capriles terminó por arrasar por un instante mis pensamientos. Adriana Acosta, esposa de Antonio, había fallecido también en aquel maldito accidente que jamás debió ocurrir.

36 años, dos hijos dejaba ella. Una mujer dedicada a su familia, a su trabajo periodístico. Una vida talentosa y de profesionalismo que destacó en su estadía en aquellos pasillos de La Cadena Capriles que jamás serán los mismos sin ambos, y que sin ella perdieron la luz que los iluminaba. Paradójicamente el lunes comenzaría en un nuevo cargo por el que trabajó toda su vida, eso celebraba aquella fatídica hora del sábado.

Es normal que cuando alguien muere, leamos y escuchemos estas mismas palabras que parecen copiada con papel carbón: “tan bueno que era”, “si jamás hacia nada mal” y muchas veces realmente son solo palabras muertas hacia personas que no merecen esos elogios, que suenan como címbalo de cristal. En el caso de Adriana para los que la conocimos, podemos afirmar que con ella las palabras se quedan cortas. Su forma de ser será recordada, su tesón, su integridad y entrega hacia su gente, llevaremos siempre en el corazón. Para mí, particularmente, en aquel carro no solo perdí aquella figura que quedará grabada en nuestras vidas por siempre. En aquel lugar que quiero olvidar, en esa fecha que anhelo borrar de forma permanente de mi mente, se fue una de las personas más importantes de mi existencia. Una que con una simple llamada hace ya tanto tiempo en la que dijo: “estamos necesitando un ilustrador, pasa por acá por la Cadena Capriles para conversar” y con un tono de voz que dibujaba en mi mente su belleza no solo física, sino mental y espiritual, cambió mi destino.

Mi vida por aquel entonces era un laberinto, en el que pensé alejarme de la prensa, del humorismo y la caricatura, pero aquella mujer junto con muchas otras personas, pero ella en ese momento en particular terminó por encausarme y desde el primer contacto crear un vínculo que no murió en aquel carro. Es un lazo que trascendió lo meramente profesional. Aquella sonrisa, aquella mirada y aquella voz terminaron por convertirse en mi amiga, confidente, así como fui para ella. Así también llegó como un hada a realizar un sueño de toda la vida mía y por el que había luchado; ilustrar las páginas de Últimas Noticias.

Estas palabras son para ti: Hiciste más que eso; me diste alas para desarrollarme profesionalmente y consolidarme en este camino que recorro hoy en día. Lo hiciste con tu amistad, con ese cariño que me regalaste y que nos llevó a compartir en poco tiempo los momentos más lindos que te llevaste y que los mantendré firmes en mi mente. Creíste en mí, me apoyaste a capa y espada y me regalaste el privilegio de pertenecer a ese grupo selecto que tenías solo para ti. Me enseñaste tantas cosas que no las puedo resumir en esta página ni las pienso exponer, pero que solo tú y yo sabemos.

Hoy cuando miro hacia atrás casi te puedo tocar y puedo sentirte, pero al mirar hacia adelante encuentro el vacío de tu presencia que intentaré llenar con los recuerdos vividos, las miles de anécdotas, de conversaciones hasta en la madrugada que tuvimos, y aquellas rumbas en las que el sol nos sorprendió para morirnos de risa, junto al “grupete” como solías llamarnos. De eso trataré de llenar mi corazón y nadie jamás ocupará ese espacio y tú lo sabias mi Adri.

La vida es un ratico, como dice Juanes en una de sus canciones, pero lo importante es vivir cada día como si fuera el último. Así los viviste tú, así vivimos intensamente en las buenas y malas cada día nuestro. Solo reflexiono y sigo con mi filosofía de decirle a cada persona de mi vida lo mucho que la quiero.

Hoy sé que la vida es frágil y que no somos nada, que perdemos el tiempo en tonterías, en peleas absurdas que solo traen sinsabores. Hoy toca seguir aún en la ausencia que queda cuando alguien que amamos se va de nuestras vidas físicas, pero que sabemos aunque suene a cliché estarás por siempre con nosotros. Hoy el dolor que siento no lo puedes imaginar nadie, ni quiero que lo haga. La vida no debería ser tan injusta con la gente como tú que llega a iluminar las vidas de muchos. Adriana, Antonio recordarlos no será difícil cada día por su legado. Adriana gracias por llegar a mi vida, jamás te olvidaré.

Fernando Pinilla

2 comentarios:

TIBURCIO dijo...

barbaro!

Bianca dijo...

¡Realmente hermoso!, de repente las palabras se esconden y dan paso a un cálido y silencioso abrazo.