Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


noviembre 14, 2011

Sí se puede...



Sí se puede (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 13 de Noviembre 2011)

Hasta hace unos días no sabía quién era Maickel Melamed. Realmente debo confesar que le pregunté a alguien cercano quién era este señor, y qué lo hacía tan nombrado. Digamos que por un momento tuve flojera de “googlear”, si la Real Academía de la lengua española me permite usar este vocablo muy de moda por estos días. La respuesta no llenó mis expectativas, por el contrario sembró más dudas, ya que la persona que consulté no supo explicarme la situación de Maickel. Fue cuando un portal conocido de información “twitteó”, (otra palabra que anexo a la gruesa lista que se está haciendo de uso frecuente por la proliferación del uso de las redes sociales) un perfil detallado de lo que hacía que el señor Melamed fuera tan nombrado, al punto que la mencionada red social del pajarito, no tenía un tweet que no guardara relación con algo que realizaba este interesante personaje.

Ya muchos de ustedes saben a qué me refiero, no estoy abriéndoles un mundo desconocido, pero igual explico un poco. Un venezolano de 36 años intentaba culminar la conocida Maratón de Nueva York, tradicional competencia que se realiza desde el año 1970 por las calles de la gran manzana y en la que se recorren para ser exactos; 42.195 kilómetros de trayecto, con un promedio de 25.000 a 30.000 participantes por año. Ciertamente aunque no es la carrera más importante del mundo, ya que ese sitial lo ocupa la maratón de Londres, es una de las pruebas élites por lo que representa y el alcance de espectadores en vivo y a través de los medios de comunicación e internet. Sin duda todo un reto para cualquier deportista, pero el asunto no muere ahí, ya que Maickel Melamed no era cualquiera de esos 25.000 o 30.000 participantes, y no es que por ser venezolano es un caso particular, no, sino que este caballero fue víctima de un accidente tal vez macabro e increíble, ya que al momento del su parto el cordón umbilical prácticamente lo estranguló y durante siete minutos su cuerpo no tuvo flujo de oxigeno lo que le ocasionó un retraso motor, que por el contrario de cortar una vida, con este nefasto incidente nació una esperanza.

Tras 15 horas y 27 minutos, Maickel cruzó la meta no como el ganador de la prueba oficialmente, pero sí de su propia prueba, y más aún de la prueba de cada uno de nosotros. Aquel al que los médicos no le daban más de 36 horas de vida, una vez más le daba una bofetada al infortunio como cuando negándose a ser alguien “especial” se graduó de abogado, vivió en Londres solo y se hizo terapeuta Gestalt.

Ese era aquel desconocido para mí hasta hacía algunas horas antes del momento de terminar la proeza de aquella gesta de esperanza y amor por la vida, en la que declaró con entusiasmo: “Dedicado a todos aquellos que creen, sueñan y van en búsqueda de sus sueños”. Pero mientras miles de personas admirados por la voluntad de alcanzar las metas de Maickel le manifestaban su apoyo y admiración, no faltaron quienes como el periodista de Telesur Manuel Anteluiz, que usando su cuenta de twitter flacuchenta de seguidores, intentaron desvirtuar el logro de Melamed, y figurar y acaparar algo de atención. En una serie de tweets que desencadenó el rechazo inmediato de propios y extraños, Anteluiz llamó “show morboso” la participación del venezolano en el maratón de Nueva York, pero no conforme, tiñó su ataque con tintes racistas, resaltando el hecho de los orígenes judíos del atleta de manera antisemita y llamándolo “moda”, por según su mente distorsionada y cargada de odio, ser “judío, millonario y mediático”. Luego de recibir una montaña de insultos, intentó justificar su acción pero ya era tarde; mensajes como: “espero que su próximo reto no sea un show por internet, y escale el Himalaya para seguir inspirando” terminó por convertirlo en el blanco del odio colectivo, pero peor aún para su plan; no conseguir ganar seguidores en la mencionada red social.

Y me pregunto luego de leer la historia de Maickel, luego de ver su sacrificio en nombre de dar un ejemplo y no ser como el supuesto “periodista” de Telesur, que no aportan nada a la sociedad y su vida languidece en las miserias del rencor, la envidia y la ignorancia que ha sembrado un gobierno déspota: ¿Qué le molestó de la proeza de Melamed? ¿qué les disgusta a aquellos que por el contrario piden hoy la liberación de Ilich Ramirez, mejor conocido como Carlos El Chacal, confeso terrorista y asesino, alegando un supuesto “secuestro” por parte de las autoridades francesas? No justifico las ofensas hacia aquellos que no apoyaran al venezolano en Nueva York, y que por el contrario se dedicaran a ofender y burlarse de él y de aquellos que manifestaban su admiración hacia un compatriota que no le roba la vida a nadie, sino les regala esperanza, diciendo a las personas con discapacidad y a los que no las tienen por igual; sí se puede.

Ciertamente vivimos en una sociedad ambigua y de doble discurso por parte de todos, muchas veces no vivimos lo que predicamos, pero con actos como el de Maickel Melamed, se abren puertas de reflexión. Son actos llenos de valor y de superación los que no dicen que sí podemos ser mejores, que la esperanza no se pierde aún en los días más oscuros y que por el contrario una sola gaviota rompe el refrán y sí hace verano, sí hace la diferencia.

Cuando finalizamos casi un año más y seguimos caminando por la cuerda floja, por la incertidumbre del futuro, Maickel Melamed nos dijo que superemos la mente corta, que superemos los miedos y las diferencias, y que nuestro corazón lo coloquemos en un Venezuela nueva y posible, al final como él mismo dice: “nada es tan grande como para no intentarlo”

Fernando Pinilla

1 comentario:

Egleé Marín dijo...

Pinilla yo fui una de las que bloqueo al "ensayo fallido de periodista" porque llamarlo periodista creo que le queda como muy grande. Excelente artículo y como siempre lo comparto :)