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junio 30, 2012

Libros, lectura y mentiras...

Libros, lectura y mentiras. (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 24 de junio 2012)
La lectura está por el suelo en el país. Esta es otra de esas realidades que, aunque las versiones oficiales la pinten de alguna manera, lo que se percibe entre la población es totalmente distinto. Y es que aunque los estudios gubernamentales arrojan un incremento en la lectura en el país y ubican en el informe publicado por el CENAL (Centro Nacional del Libro) en Abril de este año, a Venezuela en el tercer peldaño de lectores del continente con un 50%, supuestamente, sólo superado por Argentina y Chile; cuesta creer esta versión, como todos los informes oficialistas. Sería absurdo tomar como ciertos dichos resultados, partiendo por ejemplo del poco interés de muchos jóvenes que crecen aislados de los libros; sea por estar absorbidos por otros intereses (redes sociales, telefonía celular, etc.) así como los pocos incentivos que reciben tanto en casa como en sus lugares de estudio. Sólo por poner un ejemplo, dando una charla a estudiantes de bachillerato, muchos confesaron “no leer nada más que el pin” de su teléfono. Y en segundo lugar, según un estudio publicado en Abril de este año por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) se coloca a Venezuela fuera de los indicadores de los principales países que leen en Iberoamérica (libros, revistas, periódicos). Otro de los grandes problemas de la lectura en el país radica en los altos costos de los libros. Primeramente, porque los textos importados de las grandes y pequeñas casas editoriales extranjeras, son víctima del efecto “dólar Cadivi”; cuestión que, como en casi todos los rubros de importación, termina encareciendo los productos. Ningún libro por el que preguntemos cuesta menos de 100 BsF. lo que termina convirtiéndolos en artículos de lujo y jamás en una prioridad para una población ajena a éstos. ¿Y qué pasa con la industria editorial nacional? El efecto “dólar Cadivi” contraataca. Un país que vive de las importaciones, tarde o temprano muestra su cara más hostil como resultado de este tema. Papel, tinta, maquinarias y sus repuestos son importados. En Junio de 2009 ,Víctor García, director comercial para Venezuela de Random House Mondadori -el sello editorial más importante del mundo- relataba el drama de la industria editorial en el país. "Nosotros estamos realizando un plan editorial local con autores locales, con impresión local, pero hoy nos encontramos con la dificultad de que también las imprentas no tienen papel…”. Según García, las imprentas nacionales no recibían los dólares de Cadivi y agregaba: “Este tipo de acontecimientos hace que cunda el pánico: los que tienen papel, insumos, tinta, película y todo eso, empiezan a cobrar más caro…” Otra cara quiere mostrar el gobierno sobre un tema que se tiñe de política, aún cuando los libros son patrimonio de la humanidad y no de ningún gobierno. Las versiones oficiales siempre distan de las que podemos encontrar en la calle ante la mirada de todos. Sin embargo, con las librerías del gobierno y sus propias editoriales se intenta escribir otra historia. Cientos de libros son repartidos de manera gratuita como estrategia de “culturizar”. La verdad, es que detrás de esta iniciativa y de las librerías oficialistas encontramos una manera, no de sembrar cultura, sino de ideologizar al pueblo. Los títulos que se venden y distribuyen gratuitamente, como nada venido del gobierno, no goza de la pluralidad que debe tener la industria editorial. El Ministro del Poder Popular para la Cultura, Pedro Calzadilla, no se guarda sus comentarios sobre el tema y asume su realidad: “un libro es una herramienta de creación de conciencia y de desarrollo de un espíritu insurgente…”. El lenguaje retrógrado y bélico siempre presente. La mentira siempre es descubierta. La verdad es que no hay que ser del gobierno para leer textos de izquierda, así como sería una gran falsedad hablar de escasez de títulos de esta tendencia en sellos internacionales de distribución en el país. En los catálogos de muchas editoriales encontramos a autores como: Alfredo Serrano Zabala, Rius, Tim Weiner, Iván Cepeda, todos escritores de izquierda. La estrategia gubernamental muestra una clara tendencia. No a propiciar el crecimiento del hábito de la lectura sustentado en una industria editorial nacional próspera o el apoyo a la distribución de textos de todos los géneros; sino una constante agresión que debilita una industria generadora de millones de empleos directos e indirectos, hoy víctimas de toda esta amalgama de problemas, a la que se une la piratería; tema que, aunque el gobierno prometió combatir, basta con estar en la calle y ver las ventas de textos piratas ante la mirada permisiva de las autoridades. Las versiones oficiales siempre son distintas: “Venezuela está batiendo récord en la producción de libros”, ha declarado Calzadilla; quién además afirma que el Estado venezolano apoya a editoriales e imprentas. Por su parte, Christian Valles, directora del CENAL afirma: “Aquí no hay ningún sectarismo ideológico. Cada quien imprime lo que quiere”, y termina agregando: “los libros en Venezuela siguen siendo baratos. Es impresionante lo caro que son en el exterior…” ¿Cuánto ganará Valles para poder afirmar esto? La realidad se vive a flor de piel. Los libros se enfrían en las librerías sin nadie que los compre y las masas, en su mayoría, prefieren una entrada al cine antes que un libro. El problema es que no se toman cartas en el asunto y todo termina en el vendaval político. La cultura no se siembra regalando libros de una tendencia política, sino inculcando desde el preescolar y la primaria, un sano hábito de lectura. Además, el apoyo a la industria editorial debe gozar de pluralidad, porque el verdadero sentido crítico nace de ésta. La raíz del problema es profunda, por eso los resultados del CENAL huelen a “maquillaje”, pues las muestras de la decadencia de la lectura son evidentes. El problema continúa y se profundiza, aún cuando se quiera negar. La crisis de la lectura sigue creciendo. Fernando Pinilla

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