Un poco de mi trabajo diario en prensa, libros, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


julio 21, 2011

Actualizando el blog con caricaturas!!

Varios trabajitos para la página querrequerre.com, Líder en Deportes, La Voz/La Región y Geek Caracas y Venezuela Xtrema, Actitud Venezuela y dos cuentas de twitter geniales, @CaracasMetro y @perrousuario.























julio 18, 2011

Culto al narcisista



Culto al narcisista (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 17 de Julio de 2011)

Viendo lo sucedido en los últimos días en el país, me ha llamado la atención el hecho que venía comentando desde hace un tiempo referente al culto a la figura política, y con este el olvido de aquello que de verdad importa; Venezuela.

Sin duda estamos en medio de muchos factores que terminan por inclinar la historia en el extremo que vivimos. Ciertamente cada pueblo se merece al gobernante que tiene, porque realmente son los ciudadanos, los que terminan definiendo el destino de sus propias vidas, y de sus propios mandatarios. Pero otra realidad que viene a influir, radica en las personalidades de los líderes totalitarios, quienes mantienen similitudes muy vistosas entre ellos, y lo hemos podido ver a través de la historia. Sé que cuando coloco en un mismo escrito personajes socialistas, fascistas, o de la extrema derecha, genero estupor en aquellos que han tenido la oportunidad de estudiar de cerca las doctrinas y los hechos que marcaron la vida de los líderes de cada lado, pero indudablemente existe inmensa similitudes entre estos ejemplos de representantes del culto a la personalidad narcisista.

El narcisismo fue un concepto que introdujo Sigmund Freud en su obra Introducción al narcisismo, en la que habla de una patología extrema de desordenes de personalidad en la que el individuo sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación. Este desorden ha sido diagnosticado en incontables personajes de la historia, siendo fácilmente identificado en dictadores cuyas doctrinas tienen diferencias abismales entre sí, pero con similitudes tan cercanas que se pueden confundir con facilidad.

Los dictadores buscan el apoyo de personas incapaces de cuestionarlos, lo que termina alterando su propia percepción del mundo que viven. En un estudio publicado por Psychological Review, tres investigadores descubrieron que la gente poderosa tiende a ver el mundo de forma automatizada y se atribuyen logros y cualidades que no son suyas, según Time HealthLand.

Este comportamiento puede alterar el funcionamiento del cerebro. La corteza paralímbica, la región encargada de procesar las emociones y el auto control puede dejar de funcionar adecuadamente cuando deja de usarse. Con la oposición, los dictadores inhiben estos sistemas, por lo que sus discursos y realidades dejan de tener sentido para el resto de las personas que los escuchan.

Los dictadores tienden a sentirse héroes, libertadores de sus pueblos con características mesiánicas, y cuando estas actitudes son cuestionadas tanto por detractores, como por el propio pueblo, pierden el control y niegan cualquier idea que vaya en contra de las propias. Con el tiempo y como estrategia política trasladan hacia sus seguidores, generalmente masas populares, la idea del culto a la personalidad del gobernante, como estrategia infalible de perpetuación en el poder.
El culto a la personalidad narcisista se dio con fuerza en la Unión Soviética de Lenin, y es que el caso de Stalin ha sido cuestionado por estudiosos, que coinciden en afirmar y catalogarlo como un oportunista y no una figura de culto, como el primero. En China Mao Tse Tung, en Albania Enver Hoxa, en Uganda Amín Dadá, Yugoslavia el mariscal Tito, en Cuba Fidel castro y sin duda también Hitler, Mussolini, Franco, y en Corea del Norte Kim Il Sung (Cuyo título presidente eterno, lo dice todo) y su hijo Kim Jong Il, con esquemas similares de grandes fotografías, menciones directas como autores de todas las obras, y muchos con un alto número de estatuas que recuerdan a los jefes máximos en algunos casos, mientras jóvenes, ejércitos y gran cantidad de adeptos han estado y están permanentemente uniformados, con banderas para declarar al unísono su fidelidad al supremo líder, una lealtad que se basa en el culto al narcisismo de la figura por encima del resto.

Todos los anteriormente mencionados, tuvieron miles de seguidores, manipularon los medios hasta convertirlos en medios oficialistas, todos conformaron hordas de seguidores que eran capaces de morir por ellos, que los idolatraban y no concebían un futuro sin estos en el poder, todos generaron o promovieron una ideología y todos, en mayor a menor magnitud generaron terribles castigos y muertes en masa, todos se autoproclamaban como grandes reformistas al servicio del pueblo, todos alimentaron las debilidades de los pueblos para utilizarlas como gancho, todos buscaron conflictos con otros países en su delirio, resultado de su afección psicológica, todos en un momento se sintieron la personificación de la esencia de cada nación que representaban.

Estos “lideres”, fueron y son ejemplo de un narcisismo acendrado, que tuvieron en su mayoría finales no esperados por ellos mismo, todos además de presentar claramente casos severos de narcisismo, presentaron señales inequívocas para los especialistas de Psicopatía. Quizás lo increíble, es que mientras los estudios han terminado por aclarar estos comportamientos, identificarlos y lanzar serias advertencias, la historia se sigue repitiendo una y otra vez, y los pueblos al final, vienen a dejarse embaucar por egocentrismos, que les hace a estos líderes despotricar contra todo el resto, a sentirse indispensables e imponer a la fuerza con la intolerancia propia de estos desordenes la idea de la no pluralidad.

Lo triste es que en medio de nuestras miserias, de nuestras necesidades, somos partícipes de sus patologías, al final no existe nada más fuerte y poderoso que la voluntad popular al servicio de su propio país. Triste ver desde balcones de palacios gubernamentales expresiones inequívocas de representantes del culto a la personalidad narcisista, al invitar a sus seguidores a vitorear su propio nombre, y peor aún, estos hacerlo pidiendo su presencia perpetúa en el poder.

"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente. Simón Bolívar (Discurso de Angostura)

Fernando Pinilla

junio 12, 2011

El imperio no contraataca



El imperio no contraataca (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 12 de Junio de 2011)

El imperio, esta forma de designar a los Estados Unidos de América ha sido repetida en cada alocución, entrevista que ha dado el presidente de la república desde hace doce años hasta convertirla en símbolo de la revolución, en un estandarte de sus seguidores, una inspiración, alimentando la psicosis por una inminente invasión al país y un magnicidio a su persona que sin duda sigue surtiendo efecto. ¿Qué sería de la revolución bolivariana sin el imperio? ¿Contra quién lucharían los héroes revolucionarios si la oligarquía venezolana no estuviera estrechamente ligada a los maléficos designios de Washington?

Esta fantasía que mantiene como un cuenta cuentos con pasión e interés el primer mandatario, ciertamente está sustentada por una realidad: Estados Unidos no son una blanca paloma y a través de la historia se han visto involucrados en escándalos por su intervención en países, en conflictos cuyos intereses están ligados a los suyos o pueden causarles algún tipo de ganancia. La lucha entre el comunismo y la derecha norteamericana ha recorrido diversos rincones del mundo durante el siglo XX, y el primero es por tradición enemigo acérrimo del sistema capitalista que ha sustentado la política, economía y sociedad norteamericana y de muchos países del mundo. Intentos fallidos por terminar con el comunismo en Cuba, una intervención directa en la caída del primer líder comunista elegido democráticamente en la historia; Salvador Allende y el arribo al poder de su verdugo, Augusto Pinochet, quién desataría una dictadura de terror en el país austral, el patrocinio de la dictadura de la familia Somoza en Nicaragua desde 1934, son algunos de los argumentos que se usan desde Miraflores para mantener la atmosfera ficticia que quiere emular la que se respiraba en la extinta URSS, y que se siente aún en las viejas calles de la Habana.

Los regímenes comunistas y totalitarios usan el miedo como arma para mantener ese sueño de guerra fría en el ambiente. Ahí está latente, el enemigo imperialista respira en la nuca, no duerme, interviene, si lo ha hecho en el pasado, ¿Qué impide que otra revolución que supuestamente lucha contra los intereses del imperio, pueda ser atacada salvajemente? Y es que sustentado igualmente en la intervención militar en Afganistán que derivó en la caída del régimen Talibán, en Irak la salida a la fuerza de Saddam Hussein, así como el conflicto entre Palestina e Israel sirven por igual para mentalizar que ese imperio, suerte de “el coco” que aterra a los fieles seguidores de la utópica revolución que no termina de ser más que una farsa sin razón de ser, está en el mismo lugar que siempre ha estado; al acecho.

La ignorancia y un poco de inocencia viene a jugar un papel preponderante en aquellos que hablan del imperio casi de manera autómata y que son capaces de defender dictaduras como las que se viven en Cuba, Corea del Norte, Bielorrusia, China, Libia, y tantos países árabes, sin darse cuenta de los abismos que separan las doctrinas islámicas de las socialistas, y peor aún desconociendo que en el nombre de una lucha contra occidente y sobre todo contra los Estados Unidos, pueblos enteros son víctimas de represión, de violación a los derechos humanos y claro está a la libertad de expresión y de opinión. En pleno siglo XXI cuando enfrentamos retos que generaciones pasadas no se imaginaron, muchos países viven de los errores cometidos por Estados Unidos como única base para justificar la existencia del caudillismo y monarquías de terror.

No estamos hablando de creer la historia que cuentan los vencedores, sino de ser objetivos y analizar. Estados Unidos no ha sido el mejor ejemplo de paz, pero una realidad también es que Salvador Allende no era ningún Santo, Daniel Ortega quién lleva sangre en sus manos como Fidel, no se diferencian mucho de los presidentes norteamericanos que han desencadenado guerras. La verdad es que los pueblos venimos a ser las únicas víctimas de la eterna lucha por poder que ejerce el hombre, y lo único que se puede concluir es que los extremos son malos, y es que por ejemplo en los países islámicos que tanto usa el gobierno como ejemplo de la opresión que viven por parte del imperio, son aquellos que en nombre de Alá asesinan a todos los que osen pensar y actuar distinto al Corán, ¿Es eso un modelo de democracia? El comunismo que vive el pueblo norcoreano mantiene a una misma familia en el poder desde hace décadas. Nadie puede entrar o salir sin permiso de Kim Jong-Il, nadie puede pensar distinto al supremo amo que es dueño de los destinos de cada ciudadano, así como ha hecho Fidel Castro por décadas en Cuba para protegerlos del imperio.

Y la pregunta es: ¿realmente es Estados Unidos el único enemigo que enfrentamos? Creo existen enemigos más reales como la miseria humana, el abuso de la autoridad que en un gobierno de extrema derecha existe y en uno de la izquierda comunista también. La corrupción, la distribución desigual de los recursos, la burocracia y claro está demagogia y populismo son reales. Hoy cuando estamos llamados a no permitir ser explotados por nadie, pero sí aprovechar con diplomacia e inteligencia los aportes de los países industrializados y desarrollados, queremos jugar a la guerra fría, queremos vivir la fantasía de ideales obsoletos y fracasados. El verdadero socialismo se construye en libertad, en respeto, en conjunto, integrando, superando y evolucionando; no viviendo en el atraso, en la pobreza, justificando la crisis que se vive y que solo el fanatismo hace que nos volvamos ciegos. “El imperio” no es el enemigo si sabemos aprovecharlo, es un aliado si somos capaces de traducir los aciertos de su sociedad y su economía para aplicarlos en nosotros. Hoy Venezuela no necesita más vivir de utopías, doce años son mucho para cosechar solo promesas, abran los ojos, el imperio no contraataca esta revolución, sino la miseria de sus líderes.

Fernando Pinilla

mayo 19, 2011

De aquí y de allá...

Caricaturas publicadas en los diarios La Voz, La Región, Líder en Deportes, la revista Clímax y algunas solo para la red.












mayo 03, 2011

Sentido de Pertenencia



Sentido de Pertenencia (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 1ero de mayo de 2011)

Hoy que de nuevo te vistes, un grato recuerdo me queda de ti, hoy que te vas alejando, con honda tristeza te canto yo a ti.

Este verso no es para una mujer escrito por un hombre enamorado al separarse de su media naranja. Quizás podríamos pensar equivocadamente que esto es así, sin embargo fue plasmado para Venezuela, específicamente para Caracas. Lo que podría llamar aún más la atención, es que este verso que compone la primera estrofa de una canción llamada “Caracas Vieja”, no fue compuesta por un criollo, sino por un dominicano, músico este que se radicó en Venezuela cuando pretendía hacer solo unas presentaciones el 31 de diciembre de 1937 en compañía de su orquesta, pero el destino le jugó una mala pasada que lo obligó a prolongar su estadía, pero lo que jamás pensó, es que ese lapso de tiempo llegaría hasta el 5 de mayo de 1988, por voluntad propia, porque su corazón encontraría su lugar lejos del suelo en que nació, lejos de Quisqueya, la tierra de sus amores.

Luís María Frómeta Pereira, o mejor Billo Frómeta, no solo se quedó a vivir en Venezuela, sino que partió la historia musical del país, y por décadas le cantó a ciudades ajenas, pero que se sembraban en su corazón cada día que pasaba, o acaso, ¿era que su corazón se sembraba cada día más en el suelo nacional? Con influencia de Agustín Lara, a quien conociera en su estadía por Caracas en 1938, o de músicos colombianos como Pacho Galán y Lucho Bermúdez quienes terminaron de influenciar este hervido criollo, dónde cual ingredientes especiales le dieron sabor, voces inolvidables como las de Manolo Monterrey, Rafa Galindo, Alfredo Sadel, Cheo García, Felipe Pirela, José Luis Rodríguez y pare usted de contar.

Lo interesante de esta historia, es que este músico que dejó clásicos que aún hoy a 24 años de su desaparición física siguen sonando para nostalgia de muchos, rechazo de otros; dejara tantas composiciones dedicadas a Venezuela, y en especial a la ciudad de su alma; Caracas, de ahí sus famosas: Canto a caracas, Caracas vieja, La Canción de Caracas, Sueño Caraqueño, Mi Viejo Guaire, Caminito Avileño, En Caracas.

Han cambiado a mi Caracas, compañero, poco a poco se me ha ido mi ciudad; la han llenado de bonitos rascacielos, y sus lindos techos rojos ya no están. Dice la canción sueño caraqueño, en la que agrega que locales como el Roof Garden, dónde debutara, ya no existía, al igual que muchos personajes que solo recordamos hoy en crónicas, si acaso, y detalles llamativos como su mención en un verso que cuenta que las muchachas ya no van a La Planicie, costumbre que tenían las hermosas caraqueñas de antaño, que por razones obvias terminó de desaparecer.

¿Qué pensaría hoy en día ese Billo, no el dominicano, sino el venezolano por adopción que se enamoró de este país de una forma como pocas veces se ve, no renegando de sus orígenes, pero dando solo lo mejor para todo ese público que lo admiraba y veneraba, por su sencillez, talento y orgullo venezolano?
¿Qué pensaría el hombre que escribió un día: Caracas vieja, que te vas con los años, en cada reja que dejamos de ver, se va un idilio, se va un romance, se va un recuerdo de nuestro ayer, al ver no solo el olvido de las autoridades, sino de la propia gente que camina como autómatas por las calles que tanto amó Billo?
¿Qué pensaría el hombre que reescribió una canción colombiana para afirmar que las playas de Margarita eran las más bellas, orgulloso de la en otrora “perla de oro del Caribe”, y observarla en el estado de deterioro, inseguridad y atraso que está sumida?

¿Qué pensaría el hombre que dio su vida a este suelo como homenaje, como agradecimiento a un país que hoy es malquerido por sus habitantes, pero al que le dedicó su talento entero, para dejar un legado perenne, un legado de orgullo, de sentimiento?

¿Qué pensaría Billo Frómeta, si hoy se levantara de su tumba y se encontrara con esta Caracas, con esta Venezuela, con el centro de la ciudad de los “techos rojos” sumido en la anarquía, el caos, el chabacanismo, pero sobre todo que pensaría cuando algunos toman su música para identificar una revolución, que lo ha sido, pero por el atraso, miseria y odio que ha dejado a su paso?

Estas interrogantes no tienen respuesta y se podría imaginar mil cosas, pero ciertamente una realidad dice que seguro seguiría el camino de la crítica que usó en sus canciones para describir el abandono que en la década del ochenta ya vivía la capital y claro está el país.

Se necesita ser Billos, y lo digo en plural, para que cambie el país. Se necesita enamorarse de Venezuela, enamorarse de este suelo y sentirlo con pasión para cambiar la realidad que se vive, para darle un “tate quieto” a toda esa gente que solo trae negatividad.

Sentido de pertenencia tuvo Luis María, sentido de pertenecía al abrazar con su música a Venezuela, al entrelazarla en versos llenos de nostalgia, de gratitud. Deberíamos imitar y no solo mirar los miles de defectos que vive el país, sino las cosas buenas, y aún más importante las soluciones. Se necesita ser Billos para recorrer Venezuela y perderse en lo pintoresco, en lo nuestro, en lo que nos identifica y nos define; para tomarlo con cuidado y convertirlo en tatuajes en nuestra alma, y llenarnos de sentimiento patrio y levantar nuestras voces ante la decadencia que vivimos.

El día que las nuevas generaciones entiendan el legado de Billo Frómeta, y no lo usen burlescamente o con vergüenza, ese día el país retoñará, se levantará de verdad.
Y es que yo quiero tanto a mi Caracas, que solo pido a Dios cuando yo muera, en vez de una oración sobre mi tumba, el último compás de Alma Llanera.

Fernando Pinilla

abril 25, 2011

Un perro muy criollo



Un perro muy criollo (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 24 de Abril de 2011)

El aroma es inconfundible, los sonidos por demás lo son también; tanto las planchas como el sonido de las pinzas con las que toman la salchicha, y de igual forma la cebolla cortada en brunoise, la papita frita en hojuelas, el repollo rayado, y el inconfundible golpe en las bandejas de aluminio para así sacudir los restos de lo servido anteriormente y poder así pasar al siguiente ingrediente.

La pregunta siempre viene luego de pronunciar aquella frase que encierra una mística muy arraigada en cada venezolano: Un perro por favor. Aquel “perrero” o “perrocalentero” como solemos llamarlo responde: ¿Con todo?, ahí comienza toda una tradición de Venezuela. Sí, sería una injustica de tamaño monumental dejar por fuera a una de las comidas más famosas a nivel mundial y de la que cada país ofrece su versión, siendo la venezolana un reflejo de su idiosincrasia, de su historia y tradición y hasta nuestro modo de ser jodedor.

Ciertamente la salchicha tiene su origen en Babilonia hace 3500 años, cuando las intestinos de animales era rellenados por los cocineros con carne especiadas, y los romanos le dieron su nombre “salsus” que evolucionaria a “salchicha”, pero sin duda está ligada a la dieta criolla desde hace varias décadas. Así es mi amigo lector, esa misma salchicha que pasada la edad media los Alemanes perfeccionarían para dar rienda suelta a los primeros hot dog con la mejorada salchicha Francfort, Wien o Viena a base de carne de res y cerdo, que a mediados del siglo XIX encontró en los inmigrantes Alemanes en Estados Unidos sus principales exponentes, convirtiendo el hot dog en una popular comida callejera de gran aceptación en la clase media obrera.

Cabe destacar la relación entre el beisbol y el Perro cliente, y es que el nombre hot dog en castellano “Perro Caliente” se debe a Ted Dorgan quien escribía y hacía tiras cómicas dibujadas para el “New York Evening Journal” y escuchaba como llamaban “dachshund” o perro salchicha, a la unión del pan, la salchicha, y algunas salsas y aderezos mientras cubría un juego de Los New York Gigants en 1901 en el estadio Polo Grounds.

Y aunque es difícil precisar en qué momento se convierte cotidiano para nosotros, es injusto relegar a un segundo plano a una comida tan nuestra como la arepa o la cachapa. Muchos me podrán criticar y decir que este alimento tiene sus símiles en otros países del mundo, sin embargo aunque esto es cierto, la arepa y la cachapa también los tienen, pero nosotros le dimos una personalidad 100% venezolana. Quienes en algún momento hemos salido de país, hemos tenido la oportunidad de probar versiones extranjeras de nuestro “perro caliente”, de una “bala fría”, para sencillamente darnos cuenta que el nuestro es el mejor. Combinaciones poco atractivas, aunque respetables para aquellos que gustan de ellas, y hasta la lentitud del caballero dispuesto a prepararnos nuestra orden, no se comparara con la destreza del “perrocalentero” suerte de chef callejero que conoce de presión, pero no se amilana, sino más bien por lo general regala sonrisas, anécdotas, un poco de música y en temporada beisbolera espacios para compartir con los panas un rato agradable aupando a su equipo, en mi caso, los gloriosos Leones del Caracas.

Así, estos trabajadores de la cocina venezolana han fusionado ingredientes que han terminado por decir, he aquí un perro caliente venezolano. Así como la hamburguesa ha encontrado en países salsas y aderezos para mejorarla, el nativo de las tierras criollas sabe que al medio día, en la cena, luego de una buena rumba y hasta un despecho, nada como un “asquerosito” con ingredientes y elementos tan de la cocina nacional como el aguacate en lonjas, guasacaca, huevo frito, chorizo, quesos amarillos y blancos rayados y porque no, carne y pollo, para convertir a estos en bombas de sabores que inundan el paladar y crean la atmosfera amigable que aunque pareciera perderse en Venezuela, lucha por seguir. ¿Quién no ha tenido un perrocalentero, que termina convertido en pana, y que conoce hasta el sabor de la bebida para el perfecto maridaje de su preferencia; Maltín Polar, Chinotto o Colita?… ¿quién dice que esta vaina no es venezolana?

Si tenemos suerte “llorarás” de Oscar De León o los Amigos Invisibles con “esto es lo que hay” armonizaran este sagrado momento que todos aunque sea una vez hemos disfrutado en nuestro carrito de perros calientes favorito, sea en Las Mercedes, Plaza Venezuela y las diversas “calles del hambre”, como solemos llamar a estas cuadras del sabor popular, ese que nos describe a la perfección como la famosísima de La Trinidad, dónde encontramos los más sabrosos manjares calóricos que podamos imaginar.

No darles su puesto a los perrocalenteros en la historia moderna venezolana, sería desconocer su valor y protagonismo histórico para el país. Por esos puestos de comida hemos pasado por años, por décadas a compartir, a calmar el hambre a encontrarnos con nosotros mismos, a sentirnos orgullosos de ser venezolanos y tener a unos artistas de la cocina, porque lo son, aunque algunos puedan ser cuestionados por las norma de salubridad, tema que no desestimo pero depende también de las autoridades.

Con acento extranjero el hot dog alemán/americano procreó como muchos foráneos en este suelo bendito venezolano al criollo perro caliente, el mismo que ha sido criticado por algunos, amado por otros, pero que sin una pizca de vergüenza por su aparente sencillez, ha crecido para ser deleite de los que tienen la plata, como de los que no, y sus carritos, punto de encuentro de hermanos, sin clases, sin importar color ni ideología política. El perro caliente y el perrocalentero ofrecen un espacio de unión, esa que anhelamos en todo ámbito y que se hace tangible cada vez que nos acercamos a estos templos de la culinaria nacional, del deporte, muchas manos he estrechado celebrando un cuadrangular de Jackson Melian, mientras disfruto un “perro con todo”.

Fernando Pinilla