Un poco de mi trabajo diario en prensa, libros, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


abril 25, 2011

Un perro muy criollo



Un perro muy criollo (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 24 de Abril de 2011)

El aroma es inconfundible, los sonidos por demás lo son también; tanto las planchas como el sonido de las pinzas con las que toman la salchicha, y de igual forma la cebolla cortada en brunoise, la papita frita en hojuelas, el repollo rayado, y el inconfundible golpe en las bandejas de aluminio para así sacudir los restos de lo servido anteriormente y poder así pasar al siguiente ingrediente.

La pregunta siempre viene luego de pronunciar aquella frase que encierra una mística muy arraigada en cada venezolano: Un perro por favor. Aquel “perrero” o “perrocalentero” como solemos llamarlo responde: ¿Con todo?, ahí comienza toda una tradición de Venezuela. Sí, sería una injustica de tamaño monumental dejar por fuera a una de las comidas más famosas a nivel mundial y de la que cada país ofrece su versión, siendo la venezolana un reflejo de su idiosincrasia, de su historia y tradición y hasta nuestro modo de ser jodedor.

Ciertamente la salchicha tiene su origen en Babilonia hace 3500 años, cuando las intestinos de animales era rellenados por los cocineros con carne especiadas, y los romanos le dieron su nombre “salsus” que evolucionaria a “salchicha”, pero sin duda está ligada a la dieta criolla desde hace varias décadas. Así es mi amigo lector, esa misma salchicha que pasada la edad media los Alemanes perfeccionarían para dar rienda suelta a los primeros hot dog con la mejorada salchicha Francfort, Wien o Viena a base de carne de res y cerdo, que a mediados del siglo XIX encontró en los inmigrantes Alemanes en Estados Unidos sus principales exponentes, convirtiendo el hot dog en una popular comida callejera de gran aceptación en la clase media obrera.

Cabe destacar la relación entre el beisbol y el Perro cliente, y es que el nombre hot dog en castellano “Perro Caliente” se debe a Ted Dorgan quien escribía y hacía tiras cómicas dibujadas para el “New York Evening Journal” y escuchaba como llamaban “dachshund” o perro salchicha, a la unión del pan, la salchicha, y algunas salsas y aderezos mientras cubría un juego de Los New York Gigants en 1901 en el estadio Polo Grounds.

Y aunque es difícil precisar en qué momento se convierte cotidiano para nosotros, es injusto relegar a un segundo plano a una comida tan nuestra como la arepa o la cachapa. Muchos me podrán criticar y decir que este alimento tiene sus símiles en otros países del mundo, sin embargo aunque esto es cierto, la arepa y la cachapa también los tienen, pero nosotros le dimos una personalidad 100% venezolana. Quienes en algún momento hemos salido de país, hemos tenido la oportunidad de probar versiones extranjeras de nuestro “perro caliente”, de una “bala fría”, para sencillamente darnos cuenta que el nuestro es el mejor. Combinaciones poco atractivas, aunque respetables para aquellos que gustan de ellas, y hasta la lentitud del caballero dispuesto a prepararnos nuestra orden, no se comparara con la destreza del “perrocalentero” suerte de chef callejero que conoce de presión, pero no se amilana, sino más bien por lo general regala sonrisas, anécdotas, un poco de música y en temporada beisbolera espacios para compartir con los panas un rato agradable aupando a su equipo, en mi caso, los gloriosos Leones del Caracas.

Así, estos trabajadores de la cocina venezolana han fusionado ingredientes que han terminado por decir, he aquí un perro caliente venezolano. Así como la hamburguesa ha encontrado en países salsas y aderezos para mejorarla, el nativo de las tierras criollas sabe que al medio día, en la cena, luego de una buena rumba y hasta un despecho, nada como un “asquerosito” con ingredientes y elementos tan de la cocina nacional como el aguacate en lonjas, guasacaca, huevo frito, chorizo, quesos amarillos y blancos rayados y porque no, carne y pollo, para convertir a estos en bombas de sabores que inundan el paladar y crean la atmosfera amigable que aunque pareciera perderse en Venezuela, lucha por seguir. ¿Quién no ha tenido un perrocalentero, que termina convertido en pana, y que conoce hasta el sabor de la bebida para el perfecto maridaje de su preferencia; Maltín Polar, Chinotto o Colita?… ¿quién dice que esta vaina no es venezolana?

Si tenemos suerte “llorarás” de Oscar De León o los Amigos Invisibles con “esto es lo que hay” armonizaran este sagrado momento que todos aunque sea una vez hemos disfrutado en nuestro carrito de perros calientes favorito, sea en Las Mercedes, Plaza Venezuela y las diversas “calles del hambre”, como solemos llamar a estas cuadras del sabor popular, ese que nos describe a la perfección como la famosísima de La Trinidad, dónde encontramos los más sabrosos manjares calóricos que podamos imaginar.

No darles su puesto a los perrocalenteros en la historia moderna venezolana, sería desconocer su valor y protagonismo histórico para el país. Por esos puestos de comida hemos pasado por años, por décadas a compartir, a calmar el hambre a encontrarnos con nosotros mismos, a sentirnos orgullosos de ser venezolanos y tener a unos artistas de la cocina, porque lo son, aunque algunos puedan ser cuestionados por las norma de salubridad, tema que no desestimo pero depende también de las autoridades.

Con acento extranjero el hot dog alemán/americano procreó como muchos foráneos en este suelo bendito venezolano al criollo perro caliente, el mismo que ha sido criticado por algunos, amado por otros, pero que sin una pizca de vergüenza por su aparente sencillez, ha crecido para ser deleite de los que tienen la plata, como de los que no, y sus carritos, punto de encuentro de hermanos, sin clases, sin importar color ni ideología política. El perro caliente y el perrocalentero ofrecen un espacio de unión, esa que anhelamos en todo ámbito y que se hace tangible cada vez que nos acercamos a estos templos de la culinaria nacional, del deporte, muchas manos he estrechado celebrando un cuadrangular de Jackson Melian, mientras disfruto un “perro con todo”.

Fernando Pinilla

enero 16, 2011

Pastor y el costo de su sueño



Pastor y el costo de su sueño (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 16 de enero de 2011)

Verdaderamente increíble el caso de Pastor Maldonado. Y es increíble porque resulta que este caballero quién dice representar a Venezuela en las pistas del mundo, demostró con sus declaraciones, actos y más, que su único interés es el yoismo, es decir él mismo.

Cuando un individuo que dice representar a un pueblo, usa ligeramente el poder de la palabra para servir de publicista de un régimen que doblega a todo un país, jamás puede ser visto como un ejemplo, como un objeto de interés. Solo podríamos decir que es el egoísmo llevado a una de sus máximas expresiones.

Sí amigo lector, y sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo, ya que me pueden argumentar que el deporte no tiene nada que ver con la política, que es la única forma de lograr las metas, o que es el deber del gobierno apoyar a nuestros deportistas, y ciertamente podría tener usted razón, sino fuera porque primeramente este es un país politizado y polarizado hasta los tuétanos, así que querer no mezclar algo con política cuando nuestra vida gira en torno a ella es muy complejo.
En segundo lugar ciertamente es un deber del gobierno apoyar a nuestros atletas, pero si miramos el caso podremos darnos cuenta el monto que se está usando para apoyar a un solo individuo, con la única finalidad de usarlo como bandera de este caos que se quiere disfrazar y vender como el modelo político y económico del siglo, y sin duda la mejor vitrina son las pistas suntuosas y desbordadas de lujo, frivolidad, que las de la gran carpa del automovilismo.

En un país que vive una creciente crisis económica, dónde la propia situación actual nos revela lo incapaz e impotente del gobierno, que no sabe cómo resolver casos como los de los damnificados, al punto que ya no saben dónde meterlos, sino que además es normal ver medidas absurdas y erradas que solo terminan por demostrar que lo único claro es que se equivocaron y como siempre para empeorar todo, o, ¿es que acaso alguna de las tierras expropiadas, empresas que corrieron la misma suerte, inmuebles y más están rindiendo un fruto de verdad muestre una mejora al cambio obligatorio de propietarios?

En un país cuya educación, salud, cultura y deporte, ¡ay deporte!, no recibe de verdad el apoyo que se requiere, y nuestros atletas viven en la penuria cuando no logran ser alguna estrella de las grandes ligas, o este caso manejar un bólido de fórmula 1. Esos deportistas anónimos que solo hacen lo que hacen por amor, por pasión ni siquiera muchas veces tienen un plato de comida para alimentarse correctamente y los niños, de los pocos que tienen la oportunidad de practicar un deporte, por lo general no cuentan con los equipos necesarios que se requieren y mucho menos la infraestructura adecuada. La pobreza devora el sueño de triunfar, el egoísmo de los que pueden aportar pero solo lo hacen para ellos, trunca el sueño no solo de aquellos que anhelan lograr su meta practicando un deporte, sino de un país sediento de una noticia que no sea las malas sobre la economía que algunos quieren maquillar y “unificar” para que pasen desapercibidas, o los atropellos a diario a la libertad y la justicia que solo provocan la lástima con la que ahora nos ven en el exterior, y que se hace más evidente cada vez que logramos salir del país.

En ese país, en ese contexto deportivo, el gobierno enemigo de la clase pudiente, de la oligarquía, el imperialismo y el capitalismo salvaje, patrocina al deporte más capitalista que exista, y ojo, no tengo nada en contra de la fórmula 1, sin embargo analizando nuestro contexto y las motivaciones del apoyo, debo decir que no estoy de acuerdo. ¿O será que alguna persona de un barrio o quizás uno de los damnificados tendrá acceso al mundo elitesco de este deporte de motores, que es frecuentado entre otros por políticos pitiyanquis, artistas de esa Sodoma que es Hollywood, familias y miembros reales tan criticadas por los rojos?

Pero no, no es muy elitesco afirmó Pastor en rueda de prensa. Alberto II príncipe soberano de Mónaco, su alteza el jeque Khalifa bin Zayed Nahayan Emir hereditario y gobernante de Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, Sus majestades Juan Carlos I de Borbón y Felipe de Borbón y Grecia, en España, son algunas de los pobres personalidades mi querido Pastor que frecuentan la grilla de partida para conversar con los pilotos que ostentan sueldos como el de Fernando Alonso quien gana solo la bicoca de 30 millones de Euros al año, manejando un auto de la escudería de Maranello cuyo presupuesto sobrepasa los 300 millones de Euros.

Y nada de esto tendría de malo si no fuera porque Pastor es el abanderado del socialismo del siglo XXI, y si no lo creen miren su página en internet para que se den cuenta que no caben más logos del gobierno. Y no me indignaría, si ese caballero no se dedicara a hablar de las bondades del comunismo del siglo XXI, digo, socialismo, y quisiera engañar al pueblo al decir que no es un deporte millonario al que le van aportar desde PDVSA aproximadamente 38 millones de dólares al año, sí, esa misma PDVSA: la moribunda, endeudada y enterrada en malas administraciones.
Es triste que para conseguir tus metas y objetivos tengas que aliarte al culpable de la debacle. Qué triste vender el alma al diablo a cambio de fama, gloria y mucho, pero mucho dinero. Si para surgir y ser famoso debo apoyar la farsa de un gobierno que hunde en la miseria a su pueblo, prefiero el anonimato, prefiero la vida digna y libre de aquel que actúa por sus valores cuya conciencia no tiene precio. Me encantaría correr un F1, me gustaría saborear una victoria, pero pudiendo mirar a los ojos a mí pueblo y decir: mi victoria es suya.

Fernando Pinilla

enero 10, 2011