Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


julio 26, 2010

¿Descanso eterno?



¿Descanso eterno?.(Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 25 de Julio)

Y Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar de la Concepción y ponte Palacios y Blanco, vio de nuevo la luz. Respiró el aire no tan fresco, en comparación con el que estaba acostumbrado, luego de su periplo que lo llevó a ser enterrado primeramente al pie del altar de San José, en la nave derecha de la Catedral de Santa Marta, sin siquiera una lápida que lo identificara, por miedo a que sus enemigos tomaran represalias. Tras el terremoto de 1834, sus restos serían trasladados a la bóveda de la familia Díaz Granados en la misma ciudad en la casa de la calle Grande.

Luego en 1839, sus restos retornarían a la Catedral de Santa Marta, en un sepulcro mandado a construir por el General Joaquín Anastasio Márquez, ubicado en la nave central bajo la cúpula, dando frente al presbiterio. Ahí descansaría hasta que en 1842, luego de tímidos intentos de José Antonio Páez en años anteriores, y ante la presión ejercida por María Antonia Bolívar, hermana del finado Libertador, encontraría en Carlos Soublette, la voz para terminar de convencer al congreso de repatriar los restos mortales.

El 20 de noviembre de 1842, tras tres cañonazos y el doblar de las campanas de la catedral, José María Vargas exhumaría los restos del Libertador, que el 8 de diciembre llegan a Los Roques, donde permanecen hasta el 12 del mismo mes. El 13, sería trasladado al puerto de La Guaira.

El 16 de diciembre llegaría a Caracas a la iglesia de La Santísima Trinidad, donde pasa la noche. El día 17 sería paseado por las calles y le rinden homenajes, y cinco días después, llevado a “descansar”, en la capilla de la Trinidad de la Catedral Metropolitana de Caracas. Ahí tomaría aire, ya que el presidente Antonio Guzmán Blanco, ordenaría su traslado el 28 de octubre de 1876, al panteón nacional.

Cabe destacar que los restos de Bolívar habían vuelto a ver la luz del sol en dos ocasiones. La primera cuando Don Manuel Ujueta, por allá por 1838 exhumó sus restos, tras el terremoto que dejó agrietada la tumba del Libertador. Luego cuando José María Vargas, exhumaría y armaría el esqueleto, uniéndolo con hilos de plomo y plata y completando las partes faltantes con cera de moldear, para su traslado y supuesto “descanso” final en Caracas.

Lo que queda claro, es cuan costoso le ha salido a Simón la gracia de libertar a tantos países, sobre todo para intentar dormir en paz.

Bolívar quien muere con prácticamente el desprecio de todos aquellos que libertó, no encontró tras su agónica muerte, llena de afecciones, dolores, cansancio, decepción y hasta el dolor de la muerte de su gente querida, como el mariscal Sucre, uno de sus últimos aliados, el descanso anhelado.

Luego de su muerte, muchas personas han intentado usar su nombre como estandarte para asegurarse victorias en luchas muchas con sentido, y otras sin ninguno. Si los oídos zumban cuando hablan de nosotros, creo Bolívar ha sentido una eterna vuvuzela, y más por estos días, cuando desde hace diez años, ya es enfermizo y deplorable el uso y desuso de su nombre.

Parece el descanso, no está destinado para Bolívar, que mejor, hubiera seguido paseando por Europa codeándose con la realeza, en vez de venir a pasar roncha sea por el motivo que moviera su gesta. Recordemos que la historia cuenta una perspectiva de lo que sucedió, pero nunca la verdad entera y menos los pensamientos y sentimientos. Quizás, Bolívar no era el gallardo y desinteresado que todos creen, o quizás sí lo era. Realmente, ya no tiene importancia, puesto que el resultado para nosotros tiene matices diversos; positivos y negativos que nos hicieron ser lo que somos. Pero para él, la cosa no le resultó buena, sobre todo hablando de su última morada.

Sí Bolívar pudiera hablar, seguramente se quejaría del ajetreado recorrido de sus restos mortales, de la poca seguridad que le brindaron y de los viajes agotadores, rompe huesos, que en su estado, era el más probable de los destinos.

Sí Bolívar pudiera despertar, y ver el nuevo tormento al que lo someten, con el circo armado con su exhumación, seguro que pega una carrera y se va del país y termina pidiendo asilo político a Juan Manuel Santos. Ahí veríamos a Hugo, acusándolo seguramente de impostor, de restos falsos, producto de una mega conspiración que nacería, por allá por el norte, en el “imperio” y se pegaría en una alocución de horas.
Y es que el mismo Bolívar exclamaría fuera de casillas, que ya su cuerpito no aguanta más metedera de manos, y menos éstas, que no buscan un fin noble de verdad, sino crear su cortinita de humo y desviar la atención de los problemas reales, ocupándose de uno que está como el propio Libertador… muerto.

Una primera vez lo manosearon para rescatarlo, una segunda vez para trasladarlo, pero ésta vez, para la parafernalia y el gasto millonario del sueño ególatra de un caballero que buscará meter algún hueso de sus antepasados, y al estilo Juan Vicente Gómez, buscar un parentesco con Simón, cuando el pueblo “bolivariano” muere en la miseria, sin seguridad, sin alimento, y si aparecen algunos, ni en buen estado están.

Si ese Bolívar viera lo que resultó de su obra, se sentaría a llorar en San Pedro Alejandrino, a la espera de una segunda muerte. Nuevamente cansado, traicionado, decepcionado y con una arrechera inmensa, por ser la herramienta utilizada para hundir a un país. Esta vez no pediría ser enterrado en Venezuela, seguramente montaría en su caballo y cabalgaría lejos para perderse en el territorio colombiano, dónde nadie conociera su destino y conseguir el descanso que tanto ha anhelado.

Bolívar, el hombre de las dificultades, como muchas veces se llamó así mismo, por lo difícil de consolidar sus metas, sigue viviendo “dificultades” mayores; como ser usado sin escrúpulos, y no respetando su última meta: morir en paz.

Fernando Pinilla

julio 19, 2010

Amor de novela



Amor de novela .(Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 18 de Julio)

Mis viejos se casaron en febrero del año 74, y si las matemáticas no cambian, ni fallan, cumplieron 36 años juntos. Sí, se dice fácil, sobre todo viendo dos números fríos y cuadrados, pero si lo digo con palabras, cobra la magnitud que lleva consigo dicha cifra. TREINTA Y SEIS AÑOS de casados.

La historia comenzó cuando mi madre, que era una jovencita 90-60-90, por aquellos días, y mi padre un melenudo hippie (para ambos historia patria estos detalles), tuvieron la fortuna de encontrarse. Y digo fortuna, no porque haya implicado ganancias materiales, buenas dotes, o algún beneficio económico, sino por la experiencia que han vivido y que terminó para bien o mal, en desencadenar un matrimonio de 36 años.

Mi madre, era la menor de la casa, la consentida, la hija del prominente comerciante e importador residenciado en la ciudad costera y tropical de Curramba la bella, o mejor, de Barranquilla, Colombia, ciudad natal de las caderas alucinantes de Shakira.

La jovencita con pretendientes adinerados, dueños de fincas, avionetas y cuanto bien material se pudiera colocar a los pies de una hermosa mujer, conoció por casualidad al chico de ojos verdes y abundante melena, que le robó el corazón, pero no solamente su corazón, sino que terminaría, robándola a ella misma del ceno familiar, ojo, con el consentimiento expreso de ella, que no dudó en escaparse a una aventura que para muchos hoy en día, implicaría incertidumbres y miedos que terminarían por destruir aquel plan, tipo novela.

Esta loca, pero firme decisión nacería, al verse impedidos de casarse por mis abuelos, por ser considerado mi viejo, un pretendiente que no estaba a la altura de la princesa. Sin embargo, en el corazón nadie manda, y en aquellos jóvenes corazones enamorados, nada cambiaba el sentimiento y nadie podría colocarles una rienda.

Tras escaparse de la vieja Barranquilla, la costa Caribe de Colombia fue testigo de una aventura, que los llevó a refugiarse en la Guajira, para hacer realidad su sueño, su romance, su locura. Recorriendo paisajes al mejor estilo del realismo mágico descrito por la pluma bendita del nobel colombiano García Márquez, mis viejos en aquel momento unos impetuosos jóvenes, vivieron su idilio, bajo noches iluminadas por la luna a la orilla del mar. Arrullados por cumbia, por las notas melancólicas de algún acordeón, quizás, de un discípulo de Aureliano Segundo, hijo de Arcadio, nieto José Arcadio, bisnieto de Ursula Iguarán y sobrino nieto del coronel Aureliano Buendía .

En aquellas tardes que languidecían lentamente cerca de rancherías Wayú, forjaron un sentimiento que se convirtió en una certeza, nacida de un arrebato de locura, pero no aquella que se define como un estado en el que se pierden las facultades mentales, llevando al individuo a la imprudencia e insensatez. En el caso de mis viejos, aunque muchos hoy en día lo definirían con las últimas dos palabras del concepto de locura, aquellas no existían, pues un sentimiento aún mayor, poblaba el corazón y la mente… el amor, aquella locura era manejada por el amor.

Tras varios días, fueron descubiertos por don Hernán González Medina, que les exigió matrimonio, quizás como castigo, mientras internamente se unían en una risa cómplice. No puede ser castigo lo que tanto anhelas, lo que tanto amas. El plan, que nació sin sentido, bajo la mirada de reproche de la familia González Agüero, terminó por tomar forma en estos dedos que teclean un computador, lleno de emoción y gratitud por ser parte de la historia más bella, que jamás he escuchado, ni escucharé, tengo certeza.

¿Cierro los ojos y digo que luego de la palabra: fin, al final de esta novela, todo fue un idilio y un mar de rosas? No, claro que no, fue todo lo contrario. Miles de pruebas han seguido estos 36 años, aunque la misión la cumplieron, ya lo demás es ganancia. Aún mejor las pruebas siguen, mientras Dios así lo permita. Pero realmente el compromiso fue serio. De verdad, de corazón, si así es la locura, yo quiero estar como una cabra.

No se trata de misterios, no se trata de mentiras, no se trata de una vida inmaculada, de un cumulo de virtudes y de una sonrisa eterna. No, se trata de lo que hoy no existe.

No hablo de mujeres que se doblegan a un hombre, sino que caminan juntos, al lado, de igual a igual, persiguiendo sueños en conjunto. Dios sacó de Adán una costilla, que convirtió en su mujer, pero el sentido de esa costilla, es que la mujer nació para estar al lado de ayuda idónea, no para ser independiente, así como tampoco el hombre.

Hoy, cuando miro a mí alrededor y veo tanta soledad, fracaso, tanta falta de voluntad por seguir un sueño conjunto, por egoísmo y orgullos. Hoy cuando miro y creo que muchos necesitan un GPS para ubicarse, miro hacia atrás, miro a mi lado y veo el ejemplo. Solo es cuestión de entender el significado del matrimonio; no del concubinato, no de la relación libre. De la unión por efecto de locura, sí, de esa que te ciega y que te lleva a luchar por un imposible. El matrimonio es locura, no queda duda, el verdadero amor es y debe tener su cuota de locura, su cuota de sentido común, su cuota de humildad.

Hoy el matrimonio y el amor, parece una especie en extinción, en medio de una sociedad cuyo ritmo diario, termina por ahogar cualquier intento de siquiera pensar una gesta romántica como la de mis padres. Quizás soy el hijo de unos de los últimos románticos sobre la tierra. Quizás mis viejos, entran en una raza destinada a morir.

Quizás, es esa la realidad, solo si queremos, si olvidamos lo que fuimos y lo que podríamos ser, si no nos dejamos invadir por un poco de esa locura. Si comprendemos como diría José Luis Perales: Es más corto el camino, si somos dos.

Fernando Pinilla

julio 12, 2010

Ciberenamorados



Ciberenamorados.(Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 11 de Julio)

Kathleen Kelly (Meg Ryan), desciende por las escaleras de su apartamento, para que sus pasos la conduzcan hasta el parque, en donde la espera una cita con el destino. Pero más que eso, un encuentro con la incertidumbre, con una locura. El día es cálido y el verde intenso de los arbustos y plantas que crecen caprichosamente, hacen de aquel un inmenso jardín, dónde cientos de flores dan la atmosfera a la escena que se plantea.
Somewhewre Over The Rainbow, interpretada magistralmente por Harry Nilson, lleva al espectador al clímax de sentimientos que mueven a Meg Ryan, a jugarse una ficha por lo desconocido, por un sin sentido; pero como dijo Paulo Coelho: ¿Qué es de la vida sin un poco de locura?

Algo ansiosa, mira hacia los lados, esperando que aquel extraño, haga su aparición, aquel que en los últimos meses se había convertido, en su confidente, amigo, y mucho más, solo con el uso de la poderosa combinación de letras, signos de puntuación y la pasión de aquel que las escribe. Algunas personas pasan por el parque para desilusión de Kathleen, sin ser el esperado caballero, aquel ciberenamorado.

De pronto, unos ladridos de un hermoso Golden Retriever, que corre alegremente, le acelera el corazón, y las pulsaciones. Un vacío en el estómago, le hace sentir miedo, y ansiedad pues aquel extraño, sabe ella, vendrá acompañado por un can igual.

La voz del dueño, que aún no puede visualizar, porque unos arbustos y una curva del sendero, aún lo impiden, termina por hacer de ella, un coctel de sentimientos y sensaciones. Entonces, es ahí cuando lo soñado se hace realidad. Es ahí cuando una imagen se convierte en algo tangible, en una certeza. Joe Fox (Tom Hanks), aparece en escena. La ve, ella lo ve a él, y las miradas se encuentran en la distancia, un espacio, para nada comparable, con el que existe entre dos monitores y teclados.

Ella no entiende, su cerebro procesa la imagen que está viendo, y la hace descifrar, lo que es más que claro que el agua. Joe Fox, aquel enemigo que se convirtió en amigo, no es otro que aquel ciberenamorado, que la ha cautivado con sus palabras, y como ella le manifiesta luego, siempre deseó que fuera así. Lágrimas cristalinas se deslizan por sus mejillas, que él seca con delicadeza, para luego fundirse en un apasionado beso, que durará la eternidad.

Este breve relato, corresponde a la escena final de la película, Tienes un E-Mail, un filme del año 98, protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan. La cinta trata de un tema muy de moda por estos días, y que allá, a finales del siglo pasado, con un servicio de internet y chat, algo arcaico, narra a la perfección, el misterio del amor por cartas. Dos extraños, que jamás se ha visto, han cruzado unas palabras, o eso piensan, en el caso de los protagonistas, terminan por verse en una relación pseudosentimental, como definió una amiga mía, a este tipo de relacionamientos.

¿Es real?, es decir; ¿es este argumento y de otras películas, como la comedia Eurotrip, dónde una joven alemana se enamora de un pitiyankee a miles de Km, solo intercambiando fotos y conversaciones, algo posible?

Los relacionamientos sentimentales, están basados en contacto físico, y verbal, como medio para generar el intrincado proceso químico, que se esconde tras una relación de pareja. Ahora, pensar por un momento en que esta forma de conocer a alguien, pueda ser verdad, podría llevarnos por caminos hipotéticos y sub reales, pero no por eso falsos.
Dejando a un lado, lo vacio de muchas conversaciones por chat, la severa crisis de amor y romance en la actualidad, y hasta los patéticos casos de pornografía usando cámaras web y los chat, se abre entonces una ventana, que no pareciera ser real, pero que termina por serlo.

Si el principio no es equivocado, las palabras, aún en la distancia, pueden llegar a trasmitir los sentimientos y pensamientos correctos, si se usa el código apropiado, es decir la sinceridad y la espontaneidad en ellas. La palabra ha sido el medio, para crear miles de sentimientos y los amores más inquebrantables, apoyados en un contacto físico.
¿Pero quien no puede negar que unas palabras bien o mal dichas, pueden inspirar gestas, ideales, y proceso humanos, aun sin conocer al autor? Así ha sido históricamente, porque la palabra, es la esencia del hombre en su forma más plena y pura; el alma de cada uno.
Entonces, rompiendo esquemas, paradigmas y la misma lógica, una palabra repleta de sinceridad, puede llevar en el código de la comunicación, las Feromonas necesarias para hacer sentir en un individuo, el complicado y fascinante mundo del amor.

La pregunta sería entonces, ¿Se busca o se encuentra? Creo solo aparece, creo todo es espontaneo, creo el lenguaje natural y des complicado, terminará por crear el ambiente propicio.

¿Es una locura?, quizás, aunque cada día encuentro más personas que terminan enamorados usando este medio, con relaciones más reales que las nacidas del proceso tradicional. Hoy cuando amar es solo una teoría inconclusa, cursi y engavetada en el olvido, surgen estas interrogantes para revivir aquellos amoríos de antes, que solo vivían del papel y la tinta, de lo hermoso de la palabra. Aquellos amores, que terminaron en el pasado por forjar leyendas, las mismas que hoy son banalizadas y ridiculizadas.

Sé que no tiene sentido, que es una locura, pero le doy mi voto a aquellos que se enamoren por este proceso loco. En definitiva como cité más arriba de otro autor, la locura en un porcentaje es necesaria para vivir. De locuras han nacido grandes realidades. Como dice la canción que menciono es el tema de la película que narro: En algún lugar sobre el arcoíris, rumbo arriba, dónde están los sueños si te atreves, ¿por qué, por qué no puedo?... la vida está hecha de sueños y oportunidades, convierte tus sueños en oportunidades y hazlos reales.

Fernando Pinilla

julio 05, 2010

Cómo extraño a la cuarta.




Cómo extraño a la cuarta. (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 04 de Julio)

Cómo extraño a la cuarta. No se trata de alguna novia que ocupó ese puesto en mi prontuario, corrijo, quise decir en mi historial sentimental. Hablo de la cuarta, de aquella república llena de miles de problemas, de millones de reclamos por hacer, por escuchar, por ejecutar por el gobierno, como respuesta a cada uno. Sin embargo la esperanza siempre existía, y con un poco de suerte, alguna podría ser contestada.

Cómo extraño a la cuarta, de verdad, de corazón, si pudieran ver mi rostro, sabrían que no es cuento, que suelo ser charlero, pero esta ocasión hablo con sinceridad.
En aquel país perdido, olvidado, ya casi eliminado de la retina, del subconsciente y de las páginas de la historia, el único comunismo que existía, era el de la clase de mi profesor de historia universal, Manuel Costa, quien nos relataba con esa facilidad verdaderamente increíble y que me encantaba, de narrar los hechos del pasado con todos los detalles, como si se tratara del cuento, de lo que había hecho el día anterior.

En aquellas clases amenas, llenas de historias, anécdotas, y hasta dramatizaciones con sus alumnos de los episodios del pasado, el comunismo era solo una página negra, era la crónica fracasada y balurda, de un ideal romántico en su tiempo, por las limitaciones humanas, superadas con tanta tecnología, información, pero sobre todo con el conocimiento que hemos logrado alcanzar, y que usado de la forma correcta, puede ser de beneficio, y no como tratan de hacernos creer.

Aquel comunismo, era en las clases, y en los libros, donde se debió quedar, guardadito, que no molestaba casi, lo que realmente es: la antítesis del progreso, de la libertad, de la justicia. Un modelo fracasado como terminará uno comunistoide que anda por ahí, solo hay que esperar, porque como diría Wilfrido Vargas en la canción del jardinero: te veré caer, yo te veré caer…

Cómo extraño a la cuarta, cuando la única política de la que hablábamos los del común, los hombres “x”, era las políticas de la empresa donde chambeábamos, aunque, ese tema solo lo tocábamos esporádicamente, ya que el que nos interesaba, era en qué lugar iríamos a tomar las birritas, algunas nacionales o importadas, el whiscacho, y la rumba del viernes dónde sería, y no es que hayamos dejado de rumbear, pero con esas paz de otrora, nunca más lo hemos repetido.

Cómo extraño a la cuarta, no me canso de repetir, porque aquella Venezuela, estaba hundida en una crisis aguda, resultado de gobiernos malos, de una corrupción terrible, pero aún así, un Carlos Andrés era echado por corrupto, imagen que no vemos muy a menudo hoy en día, cuando nadie paga por sus actos, a no ser que un individuo se torne enemigo del proceso, que comanda el que no debe ser nombrado. En ese caso, ahí sí, hasta el semáforo que se comió hace tres años, es recordado y usado como arma para hundir y darle por el pecho, mínimo treinta años de cárcel.

Cómo extraño a la cuarta, pues teníamos una esperanza, aquella de que por más que la cosa se apretara, existía una salida, una forma de enderezar la senda, hoy no torcida; esa vaina lo que está es hundida, enredada. En aquel tiempo, dónde una sociedad con diferencias en condiciones de vida, no terminaba por ser un abismo, una cráter que nos separa, porque somos enemigos los unos de los otros, porque nos han sembrado, que aquel individuo que no es rojo rojito, es culpable de todo, y en su corazón mezcla de conde Dracula, con Hitler, y Lex Luthor, desea que te hundas en la miseria, que tu existencia se torne una calamidad, pues él, se enriquece a costa tuya.

Hoy la cuarta es sinónimo de maldad, de oscuridad, y no soy un fanático ciego sin la capacidad de ver los errores, de ver los fracasos, pero si encuentro en aquella nostálgica época de las “gaitas de las locas” de Joselo, de Maracaibo 15 y su viejo año, un sabor melancólico de lo que fuimos, y perdimos. Aquella sonrisa sincera, aquella espontaneidad que solo podremos reencontrar cuando entendamos, que todos somos venezolanos, que perseguimos un bien común. En aquella Venezuela quedó mi corazón, el del extranjero que crece en una tierra ajena, caliente, y que termina por hacerla suya, porque su música, su gente, su alegría es tan sincera y real como el aire que se respira.

Aquella cuarta, aquella hoy odiada cuarta, la de la Caracas de Billo, con sus techos rojos, que inspira melodías, a la que le cantaba Piero desde Argentina, la que era sinónimo de progreso, de cultura, de alegría, la Venezuela que le abrió a mis padres sus puertas sinceras, la que me dio lo que soy, a esa cuarta, no saben cuánto la extraño.
A esa cuarta, la de la Dimensión Latina, Renny Ottolina, Los Melódicos, Baudilio Diaz, el Show de Tío Simón por venezolana de televisión, la de alegres despertar, la del saludo de navidad de RCTV y Venevisión compitiendo, la de la posibilidad de reírnos de los presidentes y los políticos corruptos en el Camaleón o La Rochela, solo necesitaba unos cuantos arreglos, solo necesitaba concientizar desde las escuelas el compromiso con el país, solo necesitaba que amaramos a esa Venezuela, solo hacia eso falta eso; amor, solo amor.

A esa cuarta la recuerdo hoy, en lo poco que viví y lo que escucho de mis viejos, que se enamoraron de la envidia de América, que echaron sus raíces y le han dado todo a este país, para hoy verlo desmoronarse.

Sí, ya parezco esas personas que viven en el pasado, pero no lo vivo para inventar mentiras que sustenten el fracaso de este régimen, sino para aprender de lo que fuimos y ser mejores, aún podemos si colocamos el corazón, y le damos a Venezuela, lo que aquella generación dio, pero ahora mejorado. Realmente, todo tiempo pasado fue mucho mejor.

Fernando Pinilla