Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


noviembre 15, 2010

Crónica De Un Asesinato



Crónica De Un Asesinato (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 15 de Noviembre de 2010

El dolor es insoportable. Él sabe que tiene pocas oportunidades de salir airoso pero no se piensa rendir, esa opción no entra en sus planes inmediatos. La ira que sube como vapor desde sus entrañas, es fruto de la tortura a la que ha sido sometido para el único morboso fin de verlo así.

Aún con la respiración entrecortada producto de la sangre que ingresa en sus pulmones debido a las puñaladas que ha recibido y que hacen imposible su normal funcionamiento, y conllevan a la poca oxigenación de los músculos y cerebro, provocándole un andar torpe, asume como una necesidad mantenerse en pie. La fuerza de su interior le ayuda a coordinar el que puede ser el último de sus golpes contra su asesino.

Sin pensarlo dos veces se lanza contra el sanguinario victimario que lo espera con la ventaja de estar ileso, el plan le ha salido a la perfección a este, así siempre le sucede a las mentes retorcidas que planifican un asesinato con antelación. El movimiento es con más fuerza y alma que coordinación, y como era de esperarse falla en su intento de herir a su enemigo y quizás sobrevivir. El premio a su instinto de supervivencia es recibir una nueva puñalada que se hunde en su piel y sus músculos, liberando un chorro de sangre que se mezcla con la arena, haciéndolo caer al suelo y ya tendido asimilar y asumir el destino. Tras el agudo dolor que poco a poco se va disipando producto del trabajo de las neuronas que envían señales a la médula espinal modificando la información que llega al cerebro, y así disminuyendo la intensidad de la información que llegan al mismo, y por ende bloqueando la sensación de dolor, termina por ceder a sus agonizantes últimos momentos.

Siente el ruido de su entorno que no termina de diferenciar, ¿serán aplausos?... no puede ser, piensa para sí. Pero el ruido es ensordecedor. Su respiración es cada vez más lenta. Ya casi no siente su cuerpo, y lo poco que puede percibir es el frío inequívoco de la muerte. Su asesino se acerca a él y coloca el pié encima, y el ruido del entorno se hace más ensordecedor y toma forma, sin duda para su asombro y desconcierto ante su tragedia, identifica el sonido de los aplausos de miles de personas, muchas que se acercan a su asesino, pero su visión se hace borrosa y no logra definir más nada. Él por su parte, ya casi no puede respirar, una oscuridad perpetua comienza a arroparlo, el fin está cerca, ya no tiene miedo, está listo. Las penumbras lo arropan por completo, y con dificultad exhala su último aliento. El toro ha muerto.

La tauromaquia, palabra que deriva del griego y que significa toro y luchar se refiere a todo lo concerniente al lidiar con toros como practica para la diversión de los seres humanos. Esta, en muchos países “tradición”, tiene sus orígenes en la edad de bronce como prueba en varias tribus del paso de la niñez a la madurez de los varones de las mismas.

En Roma sería parte del entrenamiento de los gladiadores o como parte del suplicio al que eran sometidos los cristianos para diversión del público que asistía al circo romano. Luego en España cerca de 1128 comenzaría a ser parte de las festividades, como se hace referencia en una crónica de le época, tras la boda de Alfonso VII en Saldaña con Doña Berenguela , hija menor del Conde de Barcelona, en la que se sabe tuvo como parte de la celebración, “fiesta de toros”
Así comienza a evolucionar el concepto hasta llegar a nuestros días, y deriva en varias modalidades que se practica en muchos países, como diversión, como deporte, aunque el concepto correcto es asesinato.

Esta llamada “fiesta”, que es parte de muchas celebraciones en nuestro país y otros más, son una prueba inequívoca de nuestra barbarie. Y es que realmente es absurdo e increíble que en pleno siglo XXI, se permita el sufrimiento, el sadismo, la perversión, y el convertirse en asesinos a sangre fría de un indefenso animal, cuyo único pecado es simplemente estar vivo.

Son muchas las polémicas que se forman con respecto a este tema, y sé muchos defenderán esta “tradición”, no solo nuestra, sino del hombre en general. Ese mismo que aún consigue placer viendo a un semejante casi matarse con otro a golpes en nombre de un deporte conocido como boxeo, o quizás el salvajismo de atar una cuchilla a la pata de un gallo y lanzarlo a mutilar a otro de su especie, solo para la distracción de un grupo de sádicos y morbosos que se reúnen a disfrutar del sufrimiento ajeno.

Quizás podríamos pensar que la barbarie de asistir a una ejecución de un ser humano se perdió en los recodos de la Edad media, del oscurantismo y la ignorancia. Sin embargo rápidamente nos daríamos cuenta que ese placer se ha mantenido hasta nuestros días, no solo en las torturas que se aprecian al recorrer la historia, sino en la bajeza del ser humano, que aún hoy en día asisten para ver el asesinato de un animal, cuya única defensa es el instinto de sobrevivir, aunque al final termine mutilado, apuñaleado y vencido.

Para la gloria de estos gladiadores modernos, machos vernáculos, han dado fin a una pelea desigual en la que salen airosos para el delirio de mentes retorcías iguales a la de ellos.

Es la crónica de un asesinato, es la crónica de nuestra bajeza, es la crónica que responde el porqué somos lo que somos, porqué sufrimos a diario como lo hacemos. No existe justificativo que valga ante la premeditación y alevosía, para cometer semejante y brutal asesinato.

¿Qué pensaríamos si los papales se invirtieran, y fueran los toros quienes disfrutaran matando seres humanos? Por ahora, se seguirá repitiendo una y otra vez, esta crónica de un asesinato.

Fernando Pinilla

noviembre 08, 2010

El que mucho abarca poco aprieta



El que mucho abarca poco aprieta (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 07 de Noviembre de 2010)

El que mucho abarca poco aprieta. Ciertamente este viejo refrán es de una realidad. Y es una realidad que cada día se hace más palpable en una Venezuela que ha dejado de ser plural, para convertirse en un batido concentrado que solo lo digiere un único individuo.

En el nombre de una utópica revolución, Venezuela se ha convertido el bolso lleno de perolitos, propiedad de alguien que ha demostrado su incapacidad total como administrador, porque, ¿qué tiene de administrador un militar, y mucho más uno mediocre?

Empuñando la bandera de la expropiación, llamando a un sentido de nacionalismo falso, que nada tiene que ver con las realidades que se manejan a diario, la propiedad privada de nativos como de foráneos, ha pasado a convertirse en simples fichas de un tablero que se pueden llevar en el momento que más te convenga, amparado por leyes viciadas, fraudulentas y usadas como armas para atacar a la presa, y lograr el premio mayor: ser dueño de Venezuela.

El problema es que mientras más abarca, mientras más se adueña de todo, se revela la incapacidad del gobierno, que no porque sea este, sino por una razón de lógica; no puede ser el que maneje y mueva todos los hilos que dan sentido y flexibilidad a todo el gran sistema que compone al país.

Como si de un niño se tratara en un piñata, abraza todos los caramelos y golosinas que encuentra a su paso, intentando dejar sin participación ni premio a más nadie, pero como es de suponerse, cuando intenta levantarse todo termina por regresar donde estaba, en el suelo, porque definitivamente, el que mucho abarca poco aprieta.
Nada es de nadie, nada es para nadie, nada es como debe ser. El miedo se siente en el ambiente, con su aroma llega a todos, el miedo a perder, el miedo a que nada se respeta, bajo sus leyes corruptas y putrefactas, se vive en la zozobra de no ser blanco de algún ataque nacido de un arrebato en uno de sus programas dominicales. En la Venezuela moderna, solo basta tener algo que valga la pena, sea una empresa o una vivienda, para poder ser la próxima víctima de un asesino en serie que viene tachando su lista, al estilo película de terror.

Este espacio ni siquiera es mío, no les extrañe que por decir la verdad se me expropie como ya ha ocurrido el derecho a expresarme y decir lo que siento, pienso y mucho más importante lo que veo que está ocurriendo a diario. En nuestra realidad nada nos pertenece y siento que muchos aún no terminan de entender la realidad, la cruda y amarga realidad.

Mientras la oposición pelea sin sentido, pacta de forma corrupta y prefieren hipotecar y vender sus ideales, su honor, Venezuela se sume cada vez más en un inmenso agujero del que salir parece casi imposible, y lo parece porque la oposición no termina de cuajar, la unidad, que sigue adherida con saliva, se nota cada más falsa, cada vez más cercana a lo que es el propio gobierno. Un nido de alimañas que se devoran entre sí, a los cuales nada, absolutamente nada les importa.

Las ambiciones continúan, la falsedad de la política termina por ser la única moneda de circulación en el país. Moneda esta última que se maneja al gusto de cada uno de los involucrados en la lucha política que hunde a la nación. Mientras tanto, mientras el perraje se devora por las migajas, uno más arriba sigue adueñándose de lo que queda aún por expropiar, y no por esto, como sabemos, logra darle el uso y el manejo correcto, porque la realidad es una: el que mucho abarca poco aprieta.
¿De qué sirve ser el dueño de todo si no lo puedes manejar adecuadamente? Es como tener dos mujeres y no hacer feliz a ninguna, porque tu incapacidad de amar y de satisfacer necesidades físicas se escapa al estar dividido. Es como tener dos hogares, y no poder a ninguno arreglarle las filtraciones que están terminando no solo de destruir el techo sino el piso, que tanto trabajo le costó construir a muchos, para perderlo hoy todo.

Solo los enchufados, solo los fanáticos, los resentidos y los que no aman a Venezuela, que también son los anteriores, no ven la magnitud de esta realidad. Si vamos a la práctica y vemos los resultados positivos de las empresas expropiadas y los inmuebles y tierras que han corrido la misma suerte, rápidamente podemos concluir que se ha concentrado el poder para uno solo, para el dueño de Venezuela (porque se lo permitimos), pero aún así y mucho peor, nada funciona, nada tiene el progreso que debería, y lo peor, es llenarse la boca adueñándose del trabajo ajeno. Pena les debiera dar decir: Hecho en Socialismo. Mediocres se deberían sentir, que no se tiene la capacidad de crear, es como ser estéril, es como ser una tierra seca, o peor un rastrojo.

Mientras se sigue abarcando y fracasando, se sigue hundiendo Venezuela, aquel pobre país que solo es la sombra de lo que fue un día. Una Venezuela que se desmorona como un castillo de arena en la playa, un país que mira con vergüenza a sus vecinos y mira la meta tan lejana e inalcanzable, y es que nos quedamos a la mitad de la carrera sin combustible.

Mientras se sigue abarcando y destruyendo, es decir poco apretando; Venezuela se sume en una época de oscurantismo, una época de ignorancia, superstición, miedo, y claro está falta de amor. El panorama es oscuro y solo con trabajo y fe se puede superar, solo luchando por la nación se puede conseguir superar lo que vivimos.
Cuesta mirar el panorama y no sentir miedo. Cuesta no mirar por la ventana y ver el cielo venezolano, y no suspirar por el país que cada día se pierde por aquel mucho abarca y que poco aprieta.

Fernando Pinilla

noviembre 01, 2010

De San Antonio pa´Colombia



De San Antonio pa´Colombia (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 31 de Octubre de 2010)

En un arrebato de locura temporal de esa que hace falta de vez en cuando en la vida; terminé de guardar algunas piezas de ropa en la improvisada maleta que preparaba para partir en una travesía que en aventura, peligro y distancia nada tenía que envidiarle al viaje de Frodo Bolsón en la trilogía épica del escritor sudafricano J.R.R. Tolkien; El Señor De Los Anillos. En cuestión de una hora, mi panorama había cambiado y en compañía de el espíritu aventurero y la intención de romper la rutina y experimentar mil cosas, partí camino a la hermana república de Colombia.

Tras dejar atrás San Antonio de Los Altos, llegué a un estado que es símbolo de prosperidad y riqueza en Venezuela, el Zulia, pero como dice La grey Zuliana, increíblemente sufre un abandono terrible, que refleja lo que somos hoy en día como venezolanos: un prospecto de país, una caricatura de una grandeza que solo se quedó en palabras. Maracaibo y los pueblos que se recorren hasta la llamada “raya” que nos separa de Colombia, sobreviven en medio de la miseria, del atraso, de la desidia humana y de los políticos que han manejado de forma equivocada los recursos que se muestran pujantes en las imponentes torres en el lago, o las monumentales refinerías, hoy bolivarianas, con las que se llenan la boca hablando muchos en el gobierno, pero que hay que recordar que fueron construidas por la tan odiada cuarta república, no por una gestión de once años, que se refleja y se muestra a plenitud en un estancamiento económico y estructural a la vista de todos aquellos que quieran ver y no creer en quimeras.

Los pueblos de la guajira venezolana solo son pueblos fantasmas, con economías nulas, y muchos murales de la revolución, con promesas incumplidas y falsas frases de progreso. La basura se apila a las orillas de la carreteras y trochas que recorren al “imperio del sol”, los wayú sobreviven a duras penas esperando algo que jamás llega, mientras el tiempo trascurre cansino bajo el inclemente sol.
Kilómetros de tierra baldía, de tierras sin ser aprovechadas y en un estado de abandono que eriza la piel te lleva a reflexionar sobre nuestro hoy.

Y ese hoy se hace más palpable a cada alcabala que encuentras en el camino, donde la llamada “matraca” es la ley, no la constitución. La honorable guardia nacional exige pagos de colectivos y autos particulares, generalmente cifras que van desde 50 Bsf. por cabeza hasta montos más elevados. Para no tener problemas me toca ser parte del sistema y desembolso en cada alcabala la cifra que me toca, el “pasaporte” para tener derecho a llegar a la frontera. Los relatos de taxistas, vendedores ambulantes y viajeros hablan de los abusos que día a día cometen sin escrúpulos los funcionarios, no solo de la guardia nacional sino del Saime y cualquier funcionario nacional por aquellas tierras olvidadas de Dios.

Tras pasar las alcabalas y pagar la matraca, sigues tu camino a la espera del próximo funcionario que quiera cuadrarse el día. A lo lejos divisas una estructura y terminas por identificarla; se trata de un peaje, cuyos letreros descoloridos y cabinas con los vidrios rotos, y casi derrumbándose sus estructuras, nos recuerda que en Venezuela, no se cobran peajes legales. Disminuyes la velocidad y tras pasarlos sin más que detallar las ruinas, continúas el camino que es una aventura extrema, en el que el tren delantero debe sobrevivir los kilómetros de “troneras” que asemejan a una cebra hasta que por fin tras el tortuoso viaje se divisa la frontera.

Paraguachón es un mercado persa, dónde vendedores, viajeros, residentes, wayús y cambiadores interactúan en un mundo sin ley. El cambio de la moneda nacional muestra la realidad del llamado Bolívar Fuerte que solo vale 0,24 centavos de pesos. Para que tengan una idea, por un millón de bolívares viejos solo te dan doscientos cuarenta mil pesos, cuando antes un bolívar valía diez pesos. La revolución son hechos.

Aprovechen a cambiar ahí sí solo llevan bolívares, la moneda nacional no es aceptada en ninguna otra parte del territorio colombiano por estar en extremo devaluada, y si por casualidad consiguen quien la cambie, resultará ser mucho más bajo el cambio del que se consigue en la frontera.

Tras sellar el pasaporte del lado venezolano y en el DAS de Colombia, entras al Departamento de La Guajira, de la hermana república. El cambio causa impacto. La carretera asfaltada y sin huecos llama la atención. La basura comienza a desaparecer y el ganado, los chivos, y el comercio pujante contrasta con lo dejado atrás. No hay fotos del presidente Santos, ni de otro político. No hay más colores que el tricolor colombiano que ondea con orgullo. Los departamentos de la guajira y del Magdalena son pinturas en que los cultivos se extienden mezclándose con la ganadería, con el moderno complejo del Cerrejón, la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo.

El ferrocarril, carreteras ya hechas hace mucho tiempo, se complementan con las nuevas que se construyen aún los fines de semana y que conectan toda la zona y crean un sistema vial envidiable. A esto se suma los Peajes manejados por consorcios privados y el gobierno, que aseguran un viaje placentero, seguro, dónde un intento de soborno de un viajero sin papeles, le cuesta ser retenido. La ley es implacable, el plan de seguridad nacional así lo requiere.

Los complejos hoteleros modernos, los lujosos centros comerciales, universidades y los nuevos conjuntos residenciales en Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, muestran el crecimiento económico mancomunado de la empresa privada, la inversión extranjera y el gobierno que beneficia a todos por igual, creando fuentes de trabajo y una prosperidad que una y otra vez me hace reflexionar y sentirme triste.
Colombia me enseña con hechos lo que es el amor por un país, las ganas de surgir, y nos dice a gritos que se puede, solo si queremos.

Fernando Pinilla