Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


febrero 14, 2011

El humorismo luego de los tiempos del cólera...



El humorismo luego de los tiempos del cólera (Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 13 de febrero de 2011)

El humorismo luego de los tiempos del cólera; toda una hazaña y un reto. La pregunta imagino que muchos de mis colegas nos la debemos haber hecho en algún momento: ¿qué será del día cuando este régimen termine, y con él se acabe el tiempo más fructífero para nosotros los humoristas gráficos en Venezuela? Porque si de algo no nos podemos quejar en los últimos once años, es que no nos ha faltado temas para caricaturizar. Resulta muy sencillo teniendo a este “comando mete la pata” en constante acción inspirarse para mostrar realidades.

Han sido días en que las ideas sobran para publicarlas en la páginas de un periódico, gracias a Dios yo tengo la fortuna de publicar diariamente en dos, lo que me permite no desperdiciar nada, pero en otros casos nos ha tocado usar como aliados las redes sociales para llevarles a los lectores aquellas caricaturas que no tienen espacio en la edición de mañana y por tener fecha de caducidad los temas, le damos rienda suelta usando internet. Pero insisto que nada dura para siempre, así que tarde o temprano, esperemos más temprano que tarde, este gobierno, si así se puede llamar, tendrá que irse y con su salida se acabará esta cascada de temas que nos facilita el trabajo. Es más hay colegas que solo se dedican a caricaturizar al fulano de Miraflores, y sé que será para ellos mucho más complicado dejar atrás once años de circo, payasadas y absurdos que facilitan reír.

Pero la incógnita será: ¿cómo se trabajará en esos días de luz, de pajaritos volando y cantando, de gente abrazándose, pero que para nosotros nos mostrará el reto de tener que de verdad buscar temas para llevar hasta los lectores? No lo visualizo bien pero hago el esfuerzo de imaginarlo y entender lo que nos traerá ese momento, esa “hora 0” ese “Día D” para nosotros.

Será complejo de verdad sentarnos ante la mesa de dibujo, la computadora y vernos enfrentados ante ese lienzo en blanco que nos diría en ese momento que se acabó la manguangua, que nos toca sudar las ideas, porque ya no habrá quién nos llene de esos temas jocosos y que se transforman en un humor que nace de lo más profundo, sentimiento visceral que nos hace empuñar el lápiz y criticar las injusticias que se viven en los días del humorismo en los tiempos del cólera. Pero tocará y será parte de perder este sabor politizado que tenemos al pensar, al hablar, porque ya los humoristas sin querer queriendo hemos terminado por convertirnos en unos politólogos de primera. Nuestra mente procesa la información y la transforma en imágenes con tal facilidad que a veces me quedo pasmado. Y claro, parte de ese éxito radica justamente en las bondades de este socialismo Krosty (payaso), que nos permite convertir cualquier hecho que nos fabrican y nos sirven en bandeja de plata, en una caricatura caliente lista para ser incluida en la página de opinión de los diarios en los que trabajamos.

No puedo imaginar a mi amigo Edo en su oficina decorada con algunas de sus caricaturas, viendo con nostalgia aquellas imágenes que fluían con aquella facilidad. Igualmente es difícil imaginar a Weil cerrado en su estudio viendo la pantalla de su Mac y anhelando poder tener algún tema que representar con la genial bota que nos ha acompañado en el diario que publica su humor cada día. Y claro está, aunque el orden debería haberle dado el derecho de estar de primera por ser la dama, y la única en la prensa venezolana, seguramente Rayma verá por alguna ventana de la sede del diario que ha llevado al mundo su humor, intentando buscar inspiración quizás en el hermoso cerro Ávila, o porque no, en algún distraído transeúnte de la avenida Urdaneta, como siempre atestada de personas y de tráfico.

Por mi parte, yo que ando un poco más itinerante, miraré el cielo y seguramente buscaré inspiración y como última opción usaré algún tweet curioso que lleve el pajarito de la web enganchado en sus patas. Pero de lo que si estoy seguro, es que todos aunque nos toque sudar las ideas, tendremos una sonrisa esbozada que llevarán miles de venezolanos junto con nosotros. Porque en ese momento estará nuevamente la oportunidad de construir un país diferente, de criticar un gobierno distinto, y es que ya esto parece barajita repetida. Seguramente ya no veremos todo eso que nos ha tocado reflejar sin pelitos en los dedos a la hora de tomar el lápiz y decir a los cuatro vientos lo que vemos, lo que nos duele, lo que nos hace sentir impotentes.

Nos tocará pasar la página y pocos recuerdos buenos quedaran, simplemente porque ha sido días oscuros, tiempos difíciles, sí, fructíferos por la cantidad de material que nos ha permitido, no enriquecernos con dinero, pero sí con la satisfacción de sabernos cumpliendo con nuestro deber ciudadano de hablar, de expresarnos, de crear matriz opinión, y nuevamente de retruque ser la voz de muchos de ustedes.

No logro visualizar ese día, pero imagino que será así, será distinto. No he tenido la oportunidad de trabajar en otro gobierno, pero crecí viendo a los grandes como Zapata, Sancho, Regulo, Fonseca, y más, tener el reto de no agarrar bombita el tema de la caricatura, de poder explorar otros colores y criticarlos porque hasta de eso somos huérfanos a la hora de criticar a los que tienen el poder. Será la hora que cuando nos toque colocar el color de turno, ya no sea el rojo, sino alguno otro que nos permita explorar como nuestra bandera, como nuestros paisajes la diversidad que existe en nuestra amada Venezuela.

Ese día aún no llega, pero llegará tarde o temprano, aunque como siempre digo, no parezca que aún está cerca, pero recuerden que las sorpresas se presentan cuando menos las esperamos.

Fernando Pinilla

febrero 12, 2011

Moverse o morir...



Moverse o morir.(Columna "Trompo en la uña" diario La Región, 6 de febrero de 2011)

Venezuela ha sido un país que por muchos años abrió las puertas a todas aquellas personas que llegaban a su suelo en búsqueda de una oportunidad de iniciar una nueva vida. Sueños se forjaron en esta nación, miles de historias que crearon la identidad del venezolano; de ese hijo del extranjero que crecía en campos que no eran suyos por herencia, en los cuales la fertilidad del suelo germinaba la materia prima de Venezuela. La materia del talento nacido de la fusión de las razas, la materia del venezolano pujante y lleno de optimismo.

Sin embargo las cosas cambiaron. Hoy Venezuela es tierra de personas que en vez de soñar con un presente y un futuro en el país, deben mirar hacia afuera para intentar encontrar un rumbo nuevo y oportunidades. La realidad del país termina por desmotivar a todos aquellos venezolanos que entienden el porvenir es incierto, que la crisis que se vive a diario no es cuestión de juegos, sino la cruda y ruda realidad; que ya su tierra no es el país de las oportunidades que fue un día.

Así es triste es ver como el talento se escurre gota a gota y termina por alejarse y perderse para nosotros, porque son otros los que terminan adoptando y sacando provecho de todo el potencial venezolano. El motivo es una repetición de lo que vemos diariamente en las noticias y no hay que darle vueltas. Aquella Venezuela pudiente quedó en el olvido. La Venezuela prospera que brindaba oportunidades murió y se convirtió en un recuerdo borroso, en una historia, una tradición oral que se repite con añoranza y con la esperanza de algún día despertar nuevamente en ella. Pero mientras eso ocurre Venezuela se desangra irremediablemente.

Hoy puedo pensar que todos tenemos la culpa. Sí, muchos no entendimos la importancia de amar a este suelo, muchos no comprendimos el significado de identificarnos con lo nuestro y perdernos en los caminos de la falta de identidad, del sentido de pertenencia. Así cuando ha llegado la hora de elegir a nuestros líderes pesa más el metal de las monedas que el sentimiento patrio. Por eso muchos pueden vender su terruño sin remordimiento, por eso olvidamos lo que es defender al país para encontrarnos en un laberinto del que parecemos por ahora destinados a no salir.
Muchas de las diásporas venezolanas nacían muchas veces precisamente de la falta de identidad nuestra. Vivir en Estados Unidos o en Europa era mucho más interesante y chic que hacerlo en Cumaná o en Machurucuto. Crecimos con el complejo de inferioridad si nuestras vacaciones no habían incluido por lo menos una vez en la vida una ida a Miami. Y si lo más lejos que habíamos llegado era la península de Paraguaná, teníamos que vivir a la sombra de aquellos que si habían podido disfrutar de esas mieles, o sencillamente vivir y remembrar robando anécdotas de algún familiar que hubiera cruzado el charco, por ejemplo.

Hoy las migraciones son justificadas. Como rezaba la publicidad de un programa de Natgeo: Moverse o morir. Porque la Venezuela de hoy en día, aunque es vivible, se ha tornado menos tolerante con las nuevas generaciones. A nosotros nos ha tocado sobrevivir el resultado de los errores de las generaciones anteriores que no sembraron para que recogiéramos algo que valiera la pena, sino solo nos dejaron los rastrojos. Solo somos víctimas de la negligencia en las décadas doradas del país.

Hoy vemos los límites y las barreras no creados por nosotros, sino legados por aquellos que solo pensaron en su presente y no en sus hijos, ni en los hijos de los demás.

Es moverse o morir en la mayoría de los casos, porque cada día hay menos oportunidades de crecer o de lograr las metas a no ser que tu apellido esté acompañado de un buen respaldo monetario de tu familia, o seas parte del circo gubernamental. Es la difícil decisión que se debe tomar muchas veces sin la seguridad del éxito en el plan emprendido, porque sencillamente los que tienen el poder, no hacen nada por ofrecer de verdad una solución para sus ciudadanos, sino que por el contrario se ensañan en hacerle la vida de cuadritos, para solo quedarse con aquellos que no es que tengan capacidad de adaptación, sino que son parásitos que viven del regalado del gobierno, de la dádiva gubernamental que les hace conformarse con una lata de sardina de mala calidad y una bolsa de leche cuando se puede conseguir. Así solo queda un remanente que espera valiente en el suelo nacional por muchos motivos, pero la pregunta es: ¿hasta cuándo se resiste?

La pregunta no tiene respuesta porque sencillamente no la hay. Me gustaría ver luces al final del túnel, pero hoy no las veo. El problema está arraigado casi en nuestros huesos y parece que no se quiere desprender de ahí. El problema es que en Venezuela, la cosa se ve más dura sobre todo cuando entiendes que no hay gobierno, que hay un vacío en la que debería ser la mayor certeza, pero lamentablemente no lo es. Solo hay represión aunque se llenen la boca hablando de libertad, solo hay miedo, aunque se ufanen diciendo que solo temen los apátridas, Solo hay estancamiento aunque se intente vender la idea de un país que progresa y que solo compran aquellos que no han estudiado, no han salido del país o sencillamente están recibiendo algo a cambio de opinar a favor. Para el resto el presente es duro y el futuro puede pintar peor.

La solución siempre lo digo está nuestras manos, a nuestro alcance, pero por ahora parece que como conjunto no hemos decidido tomarla y usarla. Por ahora seguiremos viendo como salen de Venezuela uno a uno sus hijos con maletas llenas de sueños y con la vista puesta en lo que fuimos y no somos más, en lo que dejamos, en lo que nos obligan a dejar.

Fernando Pinilla

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