Un poco de mi trabajo diario en prensa, proyectos personales y demás locuras de mi incansable mente. iidisfrútenlo!!


agosto 27, 2012

Sembrar el petróleo



Sembrar el petróleo (Columna Trompo En La Uña diario La Región 26 de Agosto)

Desde aquel 22 de diciembre de 1922, en el que las nubes de Cabimas en el estado Zulia se tiñeron de negro por nueve días, producto de un chorro de 40 metros de altura que se liberó de las entrañas del pozo Barroso Nº 2, que revelaba nuestro potencial petrolero, la historia del país ha sido la misma.

Aunque sería un error calificar de maldición la explotación petrolera en el país, no dejan de quedar interrogantes cuando miramos de manera objetiva el siglo XX y la primera década de esta centuria. El martes 14 de julio de 1936 el diario Ahora de Caracas, en el editorial escrito por Arturo Uslar Pietri de aquel día tituló: “Sembrar el petróleo”, una frase que pareciera más vigente que nunca, por ser la síntesis de la realidad de un país pobre que no supo vivir su repentina riqueza. El niño pobre que no supo cuidar el juguete caro y aún no lo hace.

Dañino sí fue, porque trajo la ignorancia que es la madre de todos los males. El petróleo se convirtió rápidamente en excusa para enriquecernos rápido; sin el sudor y los cayos en las manos que produce el trabajo en el campo, por lo que la agricultura se vino al piso desde 1920 hasta secarse la tierra. Nos volvimos enfermizamente dependientes del petróleo sin saber utilizarlo en casi un siglo.

Ocupamos el primer lugar como exportador de crudo del mundo en las primeras décadas de del siglo XX, y comenzó la misma historia hasta nuestros días: corrupción, malos manejos; Riquezas para unos, pobreza para otros. La renta ha sido millonaria y cada quién ha agarrado su parte, aunque para el pueblo sólo le han llegado las acostumbradas excusas y migajas. Aún así el conformismo.

Lo triste es que el petróleo nos quedó grande. Ni la producción hemos podido ampliarla, así como mucho menos aprovecharla para moldear un país moderno y lleno de oportunidades. El dato: Nuestra más alta producción petrolera la alcanzamos en 1970: 3.700.000 b/d, que se redujo las décadas siguientes a 3.500.000 b/d, no obstante hoy, a duras penas llegamos a 2.800.000 b/d.

Hoy Venezuela es el quinto país exportador de petróleo y el poseedor de las mayores reservas probadas de crudo pesado del mundo, y es como que no las tuviéramos. La historia es la misma: distamos de ser mejores de lo que fuimos ayer. Increíblemente el Emirato de Dubai nos dio una lección de lo que es aprovechamiento de los recursos, y hablamos sólo de cómo han explotado su principal fuente económica hasta hace unos años, sin dejar de lado las críticas hacia su sistema de gobierno monárquico hereditario. Con menos potencial que Venezuela y menos historia, el pequeño coloso del desierto demostró que se puede aprovechar la renta petrolera para mejorar la calidad de vida y mejorar la economía. Hablamos de un país, cuyas reservas petroleras se calcula se terminaran en veinte años, por lo que han diversificado sus ingresos, pasando de la dependencia neta, a crear otros campos que sustenten su economía; entre los que brillan como un oasis en el desierto: sus exuberantes centros de negocios, hoteles (tiene el único hotel siete estrellas del mundo), playas (muchas artificiales), el centro comercial más grande del mundo; y siempre, en medio de las críticas por las grandes exageraciones de los proyectos, apuntar al modernismo. ¡Eso es sembrar el petróleo!

Pero todo es cuestión de mentalidad, de la capacidad de crítica y de análisis. Obviamente estos nacen en la medida que nuestras mentes se abren con el estudio de calidad, y nuestros ojos procesan lo que vemos en el resto de mundo. Quizás por eso hay quienes se sienten satisfechos, aún cuando no pertenecen a una de las mafias modernas y no reciben más que promesas, “cháchara” y la siembra estratégica de odio y paternalismo. En las mentes víctimas de la ignorancia, lo mísero es bueno, cuando no conocemos algo mejor. Como escuché una vez: para el que nunca tuvo gallinas, hasta sus eses le parece huevos.

En esa odiada Europa, en aquella desconocida Europa que esconde la falta de conocimiento de algunas personas, hay países que demuestran una versatilidad y calidad de vida, sin ser Inglaterra o Alemania; siempre encasilladas en la jerga revolucionaria de “imperios”. Eslovenia, Suecia, junto a otros países demuestran un crecimiento casi de ensueño sin depender del petróleo, ni de un producto específico. El primero mencionado tiene una extensión de unos 20.273 km2 y le dijo no, al “socialismo” Yugoslavo del siglo XX. Hablamos de un país desarrollado, dónde la inflación casi no existe y su economía se ha expandido, viviendo del turismo y sus inmensas posibilidades, de la producción agrícola (sin agro tóxicos) y el sentido común. El tercer país más boscoso de Europa no conoce hampa, ni miseria, sino de buenas noticias y calidad de vida. Hablamos de un país que perfectamente cabe en estado Bolívar (242.801 Km2), y que junto con Suecia (otro de los países como Eslovenia inmunes a la crisis europea) con sus 449.964 Km2 podrían ser prácticamente parte de Venezuela. La diferencia es que son potencias sin nuestras riquezas. La economía sueca es una economía mixta basada en la exportación, el comercio internacional, el turismo y un sector agrícola estable. Su PIB es una grosería para nosotros.

El modernismo en Suecia convive como en la mayoría de los pequeños estados europeos, con su historia; legado y eterna enseñanza resguardada en sus calles antiguas llenas de edificaciones milenarias. No para sentirse victimas por las miserias vividas en el pasado y sembrar odio, sino para explotar su potencial y proyectarse al futuro. No se vive de proyectos sino de realidades.

Las preguntas sobran mientras camino por las calles del quinto productor de petróleo del mundo, dónde sólo escucho “derecha e izquierda”, “revolución”, y el conformismo fanático, que no cambia la mentalidad de aquel niño pobre, que aún no sabe usar el juguete caro.

Fernando Pinilla


agosto 23, 2012

¿Potencia deportiva?



¿Potencia deportiva? Columna Trompo En La Uña, diario La Región 19 de agosto)

¿Para qué caernos a coba? La participación de Venezuela en las olimpiadas de Londres no puede calificarse como “exitosa”, aunque nos duela en el corazón. Hablamos de una presea dorada lograda por el esgrimista Rubén Limardo en un acto, prácticamente, aislado. Galardón que, conjuntamente con el del “Morochito” Rodríguez (obtenido hace 44 años) nos deja con un saldo de dos medallas de oro; trece preseas en total, desde la primera participación de Venezuela en las olimpiadas de 1948. Un dato interesante: sólo en Los Ángeles 84, hemos logrado superar la maldición de una medalla; en esa ocasión, obteniendo tres de bronce.

Hay problemas en el deporte, aunque -para variar- desde el gobierno se intente negar. Con la tendencia a prohibir las críticas se busca, infructuosamente, hacer ver todo desde una perspectiva desbalanceada, pintando una realidad que no existe; pero lo cierto es que estamos en “0” en avance deportivo, aun cuando el ministro de deportes Héctor Rodríguez hable de “logros” (que no especifica) en los últimos 13 años, gracias según éste, a las políticas del presidente. Hace 44 años ganamos una presea dorado, hoy tenemos otra; total: dos (2). No hay más cuentas.
El país carece de infraestructura y de planes a mediano y largo plazo, por lo que muchas disciplinas no se pueden practicar en el país. Ese es el caso de Rubén Limardo, quien ha desarrollado su carrera en Polonia, viviendo las duras y las maduras -según palabras de él- por además, carecer de apoyo gubernamental; tanto así, que ha llegado a declarar sus malas relaciones con el COV. Aunque ambiguas muchas veces sus declaraciones, es claro que existe un descontento igualmente en muchos deportistas. Tal es el caso de Daniela Larreal, quien inicialmente suavizó sus palabras por Twitter, manifestando que el presidente era “engañado” y a los deportistas no se le asignaban los recursos a tiempo. Luego de quedar eliminada en Londres, Daniela no ocultó su enojo con un aparato gubernamental que largamente da muestras de no funcionar: “Nunca los ves, pero cuando ganas medallas están ahí”, sentenció.
La verdad en el deporte, como todo en el gobierno, se vuelve turbia y rápidamente entra en una zona en la que la realidad, para ellos, es un informe oficial. El gobierno y sus partidarios, en su afán de convencerse a sí mismos que vivimos en una potencia (una mezcla de Canadá, Estados Unidos y Alemania) se ufanan de la medalla de Limardo. Me pregunto: ¿Dónde están las escuelas de esgrima bolivarianas?, ¿dónde está la academia bolivariana de automovilismo de la que saltó Pastor Maldonado a las pistas europeas? ¿Algún beisbolista llegó a las grandes ligas gracias al gobierno?

La cruda realidad es que Venezuela quedó empatada en cantidad de medallas con las humildes Bahamas y Granada, pero por debajo de ambas en el puesto 13. No le hizo mella a ninguno de sus rivales por tradición: Brasil y Colombia; salvando el honor gracias a un hecho deportivo aislado, no como consecuencia de políticas de apoyo y continuidad en el deporte. Lamentablemente hay personas que no quieren ver y sus representantes en el gobierno, prefieren seguir mintiendo.

¿Por qué no nos fijamos en nuestros vecinos y comparamos? Por ejemplo, para el deporte colombiano fue una participación histórica el sumar ocho medallas (1 oro, 3 platas y 4 bronces); sin embargo, las voces críticas de los deportista - incluyendo academias y semilleros de las disciplinas en cada región- exigen al gobierno mejoras inmediatas y mayor apoyo. Hablamos de un país donde Coldeportes y el COC han centrado esfuerzos en detectar las regiones en el país en donde los niños nacen con condiciones excepcionales para el deporte, además de ofrecer justas nacionales de nivel. Todo con el apoyo de un Estado que ofrece, además infraestructura, entrenadores extranjeros (si amerita la disciplina); además de pagar salarios acordes para entrenar sin preocupaciones. Todo lo anterior, aunado a 15 años de trabajo continuo y fundamentado es políticas certeras, evidencian el crecimiento que ha experimentado nuestro rival directo, estándar por antonomasia, y que termina por desnudar la realidad del deporte venezolano.

La mejor forma de corregir, es aceptando los errores. Lamentablemente, el gobierno se empeña en negar las realidades y su prensa oficialista sólo cumple su función de enviar al pueblo boletines informativos, en los que las cosas malas del país no son nombradas. Las necesidades, en la idea absurda de tapar el sol con un dedo, las omitimos aunque estén en la calle y resaltan sin necesidad de ver Globovisión o leer El Nacional. Los resultados en las olimpiadas no tienen otra traducción.
La crisis se agrava en este régimen cuando algunos deportistas en su miedo a perder las migajas justifican y terminan emulando a sus colegas de Corea del Norte y Cuba, agradeciendo de cuanto logro obtengan a sus líderes políticos; suerte de coach, inspiración celestial y al final únicos responsables por encima de su talento y esfuerzo, de lo obtenido en sus disciplinas.

Al final el tema cae en la telaraña de “la cuarta”, “la oligarquía” y la maña de pintarse como víctimas. Hemos perdido la capacidad de ser críticos ante las realidades y aceptar cuanta versión oficial circula. Hemos creído en las publicidades en las que La Vinotinto es el resultado de políticas de PDVSA, desconociendo el único proceso coherente y consecuente, que en materia de deporte se viene trabajando desde antes de1998, cuando Chávez no podía emitir opinión alguna.
La mesa está servida y cada quién puede sacar conclusiones. No somos potencia deportiva, aunque tenemos todo para serlo. Si no se cambian las estrategias serán estériles los intentos por figurar en las olimpiadas, por más talento que sobre en el país.

No es cuestión de derecha o izquierda, porque si a eso vamos, entonces la izquierda revolucionaria fue claramente vencida por el capitalismo americano. Se trata de bajar los decibeles del fanatismo y apuntar a los defectos, errores y vicios del gobierno y el COV. Ser objetivos y realistas no es pecado.

Fernando Pinilla

Mentiras Vs Realidad


Mentiras Vs Realidad (Columna Trompo En La Uña, Diario La Región)

Es llamativo lo que vivimos en Venezuela en la última década. Estamos ante muestras de inmadurez y de falta de respeto que algunos “especialistas” quieren maquillar de hechos normales, cuando distan mucho de serlo. ¿En qué momento la chabacanería, la ofensa, la descalificación, si hicieron parte del lenguaje lícito en círculos sociales? ¿En qué momento una campaña electoral pasó a basarse únicamente en intentar humillar al candidato del frente y a las personas que lo siguen?
De verdad me llama la atención esa pseudo religión que se ha ido gestando en las faldas de la ignorancia, que vuelve un “dios” a un ser humano lleno de imperfecciones como todos, y que entre otras cosas, dista mucho de ser ese gran líder, ese ser casi celestial que quieren vender en un cargo político; que como tal es únicamente para servir.

Sé que cuando los fans del presidente Hugo Chávez lean estas líneas, me llamarán como de costumbre: majunche, escuálido, escuaca, chayota, oligarca, y tomarán cada línea escrita, como una prueba inequívoca del financiamiento de alguna multinacional financiada por Obama, Bush; que viene siendo familia de Capriles Radonski. Señores que me leen, es falso. No escribo esto porque crea que Capriles es el “Salvador” en su segunda venida, o porque cierre los ojos ante lo sucedido en los llamados “cuarenta años de democracia”. Pero así como no debíamos cerrar los ojos en el pasado por lo que se vivía y se quería corrección (que no llegó); es igual de cierto que hoy no podemos hacernos de la vista gorda ante el día a día y debemos decir: Basta. Fuera los que no han podido corregir el encargó, no de una elección, sino en muchas, en las que millones de venezolanos colocaron sus esperanzas.

Estoy cansado de mentiras, de los número oficiales que desde Miraflores nos dan y que los “especialistas” del gobierno (todos gozando de la bonanza interna gubernamental) defienden a capa y espada. Números que sólo en el papel nos hacen lucir como una potencia. Difiero totalmente, y no porque Globovisión lo diga, porque no veo Globovisión. Lo digo porque camino y en la calle se ve la realidad que algunos se empeñan en negar, en su afán de defender lo indefendible. Hablamos de un país que vende aproximadamente 3.2 millones de barriles de petróleo al día, ganando más de 100 mil millones de dólares al año, y aún antes de llegar al embalse de La Mariposa, podemos ver un rancho de lata y madera que usa una pancarta de Chávez como forro de las improvisadas paredes.

¿Han disminuido los barrios en los últimos 14 años? Porque sí, de la crisis que se vivió las tres últimas décadas del siglo pasado, dieron paso a la proliferación de las barriadas marginales caraqueñas. Pero mi pregunta es: ¿Pudo Chávez decir: hemos recuperado alguna zona completa con la creación de planes de vivienda masivos, sostenidos en políticas económicas sustentables? Lo que yo veo, e invito a cualquier persona a recorrer Caracas y el país, es la evidente multiplicación de las barriadas en las que la pobreza extrema reina. Esta última que el gobierno ubica en 7%, casi llegando a 0% gracias a las Misiones. ¡Qué gran mentira!

Sólo veo un gobierno que habla de descentralización pero colapsa la capital con unas pocas viviendas (pocas para la real necesidad habitacional, pero muchas para una ciudad que carece de vías de comunicación adecuadas, servicios básicos; servicios hospitalarios, sistema educativo acorde y oportunidades de trabajo reales) creadas para que la gran masa capitalina se aboquen a las urnas el 07 de octubre a cifrar sus esperanzas en proyectos utópicos. Es demagogia entregar un mini apartamento a medio terminar, sin colaborar con una economía productiva que ofrezca oportunidades laborales. Es mentira que así se puede mejorar, es mentira que el país avanza hacia algo mejor.

Por eso ansío un cambio, y puede que me equivoque. Ya algunos lo han hecho en el pasado en creer en políticos, pero estoy seguro de algo: el venezolano cambió y se evidenció en las primarias de la oposición, dónde las gestiones medias de alcaldes y gobernadores, fueron puesta en tela de juicio por el electorado, que dijo con el voto: aunque seas opositor, quiero algo distinto. Aún así, el gran merito de este gobierno es continuar usando el argumento del pasado como un arma para forjarse un futuro de continuidad de sus malas políticas, intentando anexarnos a los que no recitamos el coro “un ah” a las filas de la militancia política, y así intentar dejarnos sin argumentos con aquellos que aún viven la ceguera colectiva que ha propiciado el gobierno.

No voto por el pasado, voto por un futuro distinto y le quiero dar la oportunidad a alguien más, y eso no me convierte en enemigo de la patria, ni de nadie. Durante 14 años el chavismo ha tenido su oportunidad y lucimos muy lejanos de ser un país moderno. Somos una nación mísera, en la que nos conformamos con migajas, cuando podríamos tener el país más moderno del continente.

No acepto más descalificaciones ni mentiras. No acepto que la campaña se centre únicamente en insultar a Capriles porque él tuvo más dinero que yo cuando niño. Eso es resentimiento, no es un argumento que me convenza para votar por un presidente. ¿Cómo me pueden explicar en el gobierno que sus números hablen de una inflación que baja, cuando el sueldo rinde menos cada día? ¿Cómo negar la inseguridad cuando Venezuela está sitiada por el hampa que cobra las vidas de cientos de personas, incluyendo las propias fuerzas policiales? No quiero mentiras, si algunos quieren seguir creyendo, es un asunto individual de ignorancia.

Yo por mi parte, quiero que otra persona intente darle un giro a esto. En cuatro años veremos la verdad, porque son suficientes para resultados. Y si el nuevo gobierno falló, entonces le daremos la oportunidad a otro. Ese es el orden correcto.

Fernando Pinilla