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febrero 07, 2014

Borrascas y desasosiego




Borrascas y desasosiego (Columna Trompo en la uña, diario La Región 02/02/2014)  


He escrito muchas veces advirtiendo sobre situaciones que, a priori, pudieran parecer exageradas, repetitivas y hasta cansinas. Sin embargo, hoy, luego de los más recientes anuncios de Nicolás y su combo, y luego de ver la perspectiva por la que el porvenir se proyecta, es casi innegable no sentir un profundo desasosiego.

Ciertamente muchos dirán que mis palabras pueden ser exageradas, y quizás no pierdo la costumbre (como humorista gráfico que soy) de toda verdad  y realidad que se presenta ante mis ojos, exagerarla un poquito; pero luego de un final de año con tantas restricciones, luego de la sistemática desaparición de productos que convierten el hacer mercado en una lucha para adquirir los insumos básicos para alimentarnos, asearnos y hasta para conseguir todo tipo de medicamentos  (La escasez de medicamentos antirretrovirales para tratar el VIH, según reportan pacientes de todo el país, escasea a nivel nacional), no es sencillo ser optimista.  Luego de la alarmante cifra, mencionada en otras oportunidades, de muertes violentas en el país, así como los estragos ocasionados por una inflación trepidante y galopante que no conoce de barreras, es complejo no pensar que cada día somos más pobres, cada día tenemos menos oportunidades de gozar de paz y tranquilidad y obviamente de calidad de vida.

Hace más de medio siglo La Habana era una de esas ciudades cosmopolitas del mundo. Un sinónimo de progreso y modernidad. En aquellas boutiques elegantes, como  El Encanto, Fin de Siglo, entre otras, nadie se imaginó lo que se avecinaba. Nadie pudo augurar cuando aquel “héroe” entraba triunfalmente a La Habana el 8 de enero de 1959, que aquel sería el punto de quiebra para un país que necesitaba mano dura, pero que la recibió en demasía y sin equilibrio, provocando la descomposición total de una sociedad que ya estaba doliente, pero que hoy, luego de más de 50 años, no tiene comparación.

Ciertamente la riqueza estaba mal distribuida y en Cuba, como sucede en la mayoría de países latinoamericanos, se notaba la insuficiencia de las políticas sociales para los coterráneos.  Hoy en día, viendo de manera objetiva, esas diferencias era menos dura que las ahora existentes. La "revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes" tenía como finalidad, por ejemplo, ayudar a las familias que vivían en chozas en  los alrededores del Stadium del Cerro, hoy Estadio Latinoamericano, como lo retratara Mark Kauffman, aquel legendario fotógrafo norteamericano famoso por ser el más joven autor de una portada de la revista Life (17 años), tras retratar a Eleanor Roosevelt.

Hoy, luego de la consolidación de aquella "revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes” el panorama no cambió y todo empeoró. La Habana es una ciudad post apocalíptica, al mejor estilo de Hollywood, con autos modelos años 40 y 50 con sus chasis oxidados; edificios caídos, abandonados y una pobreza que observadores internacionales (sin coloración política) sitúan en un 70 u 80 %. La prostitución de adultos y niños, la mendicidad claramente observable en las calles de Cuba lo confirman y distan de los números manejados por la UNICEF que muestran a la isla caribeña como el único país de Latinoamérica sin desnutrición.

Si las cifras de Cuba se miden por los testimonios de sus propios ciudadanos, quienes manifiestan, con desespero recibir ocho onzas de aceite, diez onzas de frijoles y un paquete de pasta, en teoría para un mes, pero a veces hasta para tres meses, es poco probable creer dichos números. En Cuba, la isla, el pueblo no come pescado, porque se reserva para las casas pudientes (la mayoría afectos a la revolución) y los hoteles y restaurantes para turistas, a los que los cubanos, aun con las “aperturas” del gobierno de Raúl Castro no pueden acceder. En Cuba el sueldo medio es de 20 dólares al mes, algunas personas sólo perciben 10, con algo de suerte. Si tienes la “fortuna” o, mejor, desdicha de ser médico con trabajo, puedes percibir 30 dólares o ser premiado siendo enviado a una Misión en Venezuela, preso de los Castro con complicidad de Miraflores. Sin embargo las probabilidades de laborar hasta con el gobierno son nulas, si se toman en cuenta que desde 2010 más de 150.000 trabajadores han tenido que renunciar o han sido despedidos de sus trabajos estatales.

Es duro ver las noticias y sabernos parecidos a esta realidad. Es más duro ver el silencio de los gobernantes que descaradamente se asemejan aquellos que tanto criticaba Fidel Castro como Meyer Lanzky, el mafioso norteamericano quién mantuviera una red de juego y apuestas en La Florida y La Habana, en la que se paseaba campantemente  por las instalaciones del Hotel Riviera con sus maletines lleno de dólares cerca a los albores de la revolución. ¿Qué se saca de la cumbre de la CELAC, cuando los gobiernos democráticos se reúnen en la capital de la opresión a hablar de democracia? ¿Qué se puede dialogar con un presidente como el nuestro que, cada día, agrega más peso a nuestra economía y la termina de hundir, siendo los de su equipo los únicos que se enriquecen?

La diplomacia tiene precio, la justicia lo tiene y nosotros simplemente estamos observantes. Las nubes se arremolinan sobre nuestras cabezas y amenazan más tormenta, la misma que se ha prolongado por 15 largos años. Dios quiera y a Venezuela no nos toque mirarnos como el pueblo cubano luego de más de medio siglo de infructuosa y estéril revolución. Tengo esperanza y fe en los venezolanos que el cambio está cerca. Bálsamo para nuestras almas agobiadas parecen hoy las palabras de don Miguel de Cervantes: “Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.” Don Quijote.

Fernando Pinilla

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